¡Y el toy boy me respondió!

En una de mis columnas reflexioné sobre lo fascinante que debe ser tener un chico más joven a tu lado (Yo feliz tendría un Toy Boy, ¿y tú?);  y que él además esté loco por ti. Pero claro, me era difícil entender por qué hombres jóvenes, que tienen el mundo por delante, pueden llegar a perder la cabeza por mujeres de más edad.

Pues bien, adivinen. Un autodenominado toy boy, un joven rodeando los 30, me escribió con el objetivo de disipar todas mis dudas. Leyendo sus palabras, resultó ser mucho más interesante de lo que yo creía. Hoy quiero compartirlo con ustedes amigas. Al final, decidirán ustedes mismas si aún lo quieren o ya no…

Aquí sus 10 argumentos:

“1- Un verdadero toy boy no busca nada estable. Sólo queremos vivir el momento, el día a día sin cuestionamientos, y sin ataduras; no queremos condiciones ni que nos amarren, ya que disfrutamos de nuestra libertad, algo que no estamos dispuestos a transar. Y eso es algo que nos puede entregar una mujer madura,  porque ella tampoco espera emparejarse al tiro.

2- Las más grandecitas saben cómo manejar mejor las peleas y las discusiones; no se enojan por todo como una veinteañera, porque ya han sufrido decepciones. Ellas tampoco se enrollan, pues al igual que nosotros, quieren solo disfrutar.

3- Las mujeres mayores tienen un mejor manejo de crisis o conflictos; tienen un mayor control de las cosas, resolviendo con calma y con inteligencia las eventualidades. No son dramáticas. Mientras una pendeja te hace un escándalo de proporciones, te deja la escoba, te pela con sus amigas, te desprestigia, te trata de lo peor, te putea por todo.

4- Las mayores son más inteligentes y nos seducen con eso, con astucia, con paciencia, con calma; y no buscan ser el centro de atención, ya lo fueron en su minuto. Además son más realistas, no se creen princesas en busca del príncipe azul; ellas ya saben que no existe, y que tenemos miles de defectos, y nos bancan así.

5- Otro punto a su favor, es la independencia económica que tienen. Muchas mantienen una casa y sin la ayuda de nadie. Si bien no esperamos que nos mantengan a nosotros, es importante saber que ellas tienen sus lucas y no tendremos que ser los sostenedores.

6- ¿Otra cosa maravillosa? No necesitan pedirle permiso a nadie, si quieren agarran un bolso y se van a la playa apenas queramos, ya que ellas son dueñas de su vida y de su tiempo.

7- La mayoría está separada y tiene hijos, o es soltera aún, pero con una vida armada, por lo tanto no la centran en nosotros. Tienen mil cosas más de que preocuparse, hijos, casa, trabajo, y eso las hace adorablemente atractivas. Es excelente que no estén hinchándote las pelotas porque te quieren ver a cada rato, porque no las llamaste, porque no las puedes ver. Con ellas las cosas se dan cuando ambos podemos, cuando ambos queremos, sin presiones de ningún tipo.

8- ¡La autoridad que generan! Son tan seguras de sí mismas que saben lo que quieren, como lo quieren y cuando lo quieren. No se dejan pasar a llevar por nadie. No buscan a alguien que las proteja, sino a un hombre que las entretenga, que las divierta, que las haga volver a sentir esa adrenalina que todos vamos perdiendo con el paso de los años.

9- Además están como quieren. Son mujeres guapas, increíblemente atractivas, y saben cómo sacarse provecho. Se mantienen regias, y se creen el cuento, que es lo más importante. Son conscientes que llegan a un lugar y todos se dan vuelta a mirarlas. No tienen problemas de autoestima, se saben ‘minas’ y lo demuestran.

10- Y lo más importante, y que se agradece enormemente, es que las grandecitas tienen más experiencia sexual. El sexo con ellas es el mejor, no tienen las aprehensiones de las más jóvenes. Algunas de ellas ya lo han probado todo o casi todo, y están dispuestas a seguir experimentando. Tienen una mentalidad más abierta respecto al sexo, son menos pudorosas con sus cuerpos, no les molestan esos rollitos de más, y a nosotros menos. No son inseguras ni ansiosas.

Las mujeres maduras saben cómo complacer y enloquecer a un hombre en la cama. Conocen el juego de la seducción y saben llevarte al éxtasis sin haberte mostrado ni un hombro; te lanzan frases y te hablan con ese tonito que desquicia; te llenan de ganas hasta volverte loco; crean una complicidad total, en fin, ¡son muy ricas.

En resumen, tener una mujer sobre 35 en nuestra lista de conquistas nos suma, no solo entre nuestros pares, sino también a nuestro ego”.

Un Toy Boy

Y bueno chicas, después de esta confesión me quedé pensando. Aunque no me crean, ya no sé si tengo tantas ganas de vivir esta experiencia. Quizá el tema adrenalínico, el tema del sexo sin prejuicios ni tabúes, podría ser un aliciente.

Pero siento que estos críos nos ven casi como objetos sexuales sin sentimientos, chivos expiatorios para satisfacer el deseo de tener una treintona o cuarentona entre sus conquistas. Y yo para eso, no estoy. Creo que merezco algo más que un buen polvo, ¿no creen ustedes?