Nosotras y nuestras imprescindibles y queridas nanas

Cuando un grupo de mujeres amigas se junta por ejemplo, en un happy hour, carrete, cumple, café, etc., en fin, a conversar un rato, es inevitable llegar siempre al mismo tema: nuestras queridas nanas.

Las nanas, asesoras domésticas, empleadas, maids, niñeras, ayudantes, o como quieran llamarlas son un tema en la vida de cualquier mujer que se precie como tal; especialmente si esa mujer tiene marido, niños y perros a quien sus dos brazos no alcanzan a cuidar.

Ahora, no todo es color de rosa, hay de todo en la viña del Señor. “Oye, ¿la señora que trabaja en tu casa sabe cocinar?, porque la que trabaja en la mía, nada. Estoy ‘chata’ pidiendo comida a domicilio y cocinando los domingos para dejar congelado para toda la semana”, cuenta una de mis amigas absolutamente frustrada e indignada.

Otra de mis congéneres estalla casi en llanto al decir que se le fue de nuevo la suya (ya lleva como siete en el año). Obviamente ‘saltan’ algunas diciéndole que es culpa suya finalmente, porque es muy permisiva, o muy bruja o simplemente tiene muy mala suerte.

Otra de mis amigas, saca pecho y dice que con la de ella han funcionado perfecto, se llevan de las mil maravillas. Y es que, después de haber sufrido mil quinientas decepciones, decidió ir más lejos, y contratar a una chica de Indonesia que le dice madame, y que habla puro ingles por lo que los niños están full english. ¡Mish, la suertecita de algunas! Clases personalizadas por la nana, ¡qué mejor! Y ella feliz con su “maid english style”.

Otra de mis amigas cuenta en su casa con la ayuda de una mujer portorriqueña, que anda moviendo las caderas todo el día escuchando bachata, tanto que los niños están aprendiendo a hablar cantadito.

Mi otra amiga convive en su casa con una chica peruana que la tiene loca con el arroz, ¡todos los días arroz!; carne con arroz, pollo con arroz, pescado con arroz, pavo con arroz, fideos con arroz, lentejas con arroz; haga lo que haga, siempre será con arroz. Y por más que le dice que no prepare más este acompañamiento, el arroz siempre está presente en su mesa.

Tengo otra amiga que es admirable, para mi que no puedo vivir sin esta ayuda en mi día a día. Esta amiga que les cuento, no necesita a nadie ayudándola en su casa. Lleva seis años sola, y finalmente se acostumbró. Hoy, ella disfruta enormemente su intimidad, por lo que pensar en incorporar otra persona a su hogar, la volvería loca.

A lo lejos salta otra que dice que ella prefiere perder al marido que a su nana. Que sin “su nanita” se muere, ¿que sería de los niños?, ¿quién cocinaría?, ¿cómo podría trabajar ella? Ella en la casa todo el día se moriría, así que, ama a su nana y no la cambiaría, ni la perdería por nada del mundo.

Otra, buscando una asesora para su hogar, se impactó con las condiciones que le ponían las mujeres a quienes entrevistaba: “Señora, ¿tiene lavavajillas, plancha a vapor, wifi?”; “Yo no limpio vidrios, yo no encero”; “¿Tiene perro?, porque no me gustan”; “Yo no trabajo con niños menores de siete años, y con una persona de tercera edad, tampoco”; “¿Tendré tele con cable en mi pieza?”; “No trabajo sábados, domingos ni festivos”...¡Plop! ¡Plop! ¡Y más plop!

Pero en fin, algunas tenemos mucha suerte. Encontrar tu nana ideal es casi como encontrar tu media naranja, el amor de tu vida, tu otra mitad, ¡pues vaya que las necesitamos! Pero sin duda, tiene que haber cierto feeling.

Yo adoro a mi nana, mi “Carli” es única. La conocí hace casi cuatro años y es parte de mi familia, ella es mi mano derecha. Mi Carli es única e irrepetible, ‘aperrada’ como ninguna. Mi casa con ella brilla. Quiere a mis hijos que es lo más importante y les sabe las mañas. Me cuida cuando estoy enferma, ¡y hasta regalos de cumpleaños me hace! Mi madre me dice que soy muy permisiva, que le aguanto todo, que tiene muchos días libres, que por qué tantas vacaciones, y la verdad es que a mí no me complica. Mis niños están tan bien cuidados, y a mi me conoce tanto, que con eso me alcanza.

Y querámoslo o no, sin ellas nuestra rutina diaria sería harto más difícil. Así que la que tiene una buena nana en su hogar, cuídela, porque nunca se sabe quien anda por ahí ofreciéndole un par de ‘lucas’ más y unos poquitos días libres extra con tal de no tener que seguir ‘chineando’…