No es tan malo besar al sapo…

Cuando éramos pequeñas nuestras madres y abuelas nos leían cuentos infantiles de princesas y doncellas que tenían que besar a un sapo verde para que se convirtiera en príncipe. Pues, yo me pregunto hoy, ¿besar al sapo te garantiza que conseguirás tu príncipe soñado?

Todas creíamos en ese hombre maravilloso que llegaría a rescatarnos de cualquier problema montado en su blanco y fiel corcel. Ese príncipe que nos cambiaría la vida, a quien habíamos esperado tanto tiempo, y con quien dejaríamos de ser plebeyas para convertirnos en princesas; ese ser con quien viviríamos felices por siempre. ¡Qué maravilla!, ¿no?

Naaaaaa.…¡puras mentiras! Crecimos embobadas con puras ilusiones en nuestra cabeza. ¡Ojalá la vida fuera así de simple, así de lógica, así de fácil, así como de Disney! Pero no, esos son solo cuentos de hadas. La realidad es muy distinta. Primero porque no existen los príncipes; y segundo, porque nosotras no somos princesitas desvalidas que necesitamos de un hombre que nos salve, ¡nosotras nos salvamos solas! Si queremos un macho a nuestro lado, es solo por amor.
Además, perdónenme que les diga, pero yo no he conocido a ninguno que se parezca a un príncipe. De hecho, lo que sí conozco son ogros (está lleno de Shreks por todos lados).

O sea chicas, ¿donde encuentro a ese príncipe Eric que fue capaz de pelear contra Morgana para rescatar a Ariel?; ¿o al príncipe Fernando que despierta a Blancanieves con el beso de amor eterno?; ¿y dónde al príncipe Felipe, que logra salvar a la Bella Durmiente del embrujo del sueño eterno? ¡Díganme por favor dónde están, porque en verdad yo no encuentro ninguno!

Si hacemos una radiografía de los hombres de hoy en día, de los reales, los de carne y hueso, no hay ni uno que merezca ser llamado príncipe. Los hombres son narcisistas, machistas, egoístas y cobardes. No tienen cojones para enfrentarse a nada ni a nadie (a lo más les toca enfrentarse a las suegras y hasta en eso son incapaces de salir victoriosos, porque prefieren esconderse siempre tras nuestras polleras).

¿Que los hombres son el sexo fuerte? ¡Vamos! Nada que ver, esas son patrañas. Nosotras somos las heroínas en esta vida. Nosotras, que somos capaces de salir adelante solas, de luchar por sobrevivir, de mostrar las garras si es necesario para defender a nuestros hijos o a quien amamos, mientras ellos se sientan a esperar que pase la tormenta, y que llegue la calma.

Los príncipes no existen chicas. No se sienten a esperarlo, pues no vendrá y terminaremos conformándonos con besar a ese sapo que se cruzó en nuestro camino.

Pero analicémoslo, besar sapos no es tan malo. Ellos, feos y todo, son más leales, más consecuentes con el amor que nos profesan y más reales. Los príncipes hay que dejárselos a los creadores de Disney, que es más, ya se dieron cuenta solitos que el verdadero amor, no tiene que ver con un príncipe (en la última película de DisneyFrozen -una de mis favoritas- transmiten que el amor de verdad tuvo lugar cuando Anafue capaz de dar su vida para salvar a su hermana Elsa. ¡El cariño de dos hermanas! Nada del beso de un hombre). ¡Al fin atinaron digo yo!

Chicas, hoy abundan los sapos. Y quizá sea esta clase de anfibio el que finalmente nos quiera y nos ame como nos merecemos. ¡Saquémonos esa idea absurda del príncipe azul! Seamos realistas, quedémonos con los sapos, e intentemos ser felices así (mientras dure).

Pd: quizás seas una de las afortunadas que creyó encontrar a ese hombre con el que soñaste y que te llena de amor, de felicidad y de alegría. Si es así, cuídalo pues está en peligro de extinción y/o transformación. Los príncipes también se convierten en sapos con el paso del tiempo. ¡No digas que no te avisé!A