Empanadas, choripán, pan con pebre, anticuchos, chicha, pipeño, terremoto, bigoteao, mote con huesillos, empolvados, chilenitos, chancho en piedra, borgoña, clery, papas mayo, ensalada chilena, costillar con puré picante, duraznos con crema, cuchuflí, churros…. uf, ¡qué maravilloso que es el 18! ¡El paraíso de la gula!
O sea, hello! ¿Qué posibilidad tenemos de no subir de peso y quedar convertidas en verdaderas vacas (sin ofender a esos pobres animales)? Ninguna chicas, ninguna.
Pero a mi me encantan las fiestas patrias. Me fascina la cueca, eso del zapateo, la refalosa, el baile norteño, el pascuense con bailarines a poto pelado, las huasas chinas, la elegante, todo me gusta. Y sí, soy patriota a full.
Admiro los desfiles ecuestres, los rodeos, la medialuna, y todo el show folclórico que se crea en torno a nuestras celebraciones.
Disfruto a pleno el elevar volantines o cometas, jugar al trompo, la rana, subir el palo encebado, tirar las pelotas y tratar de botar los tarros y ganarme así un pollito; me fascina el emboque (el juego pues, ¡mal pensadas!), el tejo, saltar la cuerda, carreras en saco, gymkana (qué nombre menos chileno por cierto); en fin, todo, todo eso me encanta, y lo paso regio.
Es tanto así que todos los años llevo a mis hijos a las fondas o ramadas, como quieran llamarlas. Convengamos que una queda con cero peso en la billetera porque a los niños se les ocurre comprar cuanta cosa se les cruza por delante, además de querer participar en todo, y ese todo es sinónimo de entradita por aquí, entradita por allá: gánesela al toro, paseos en pony, algodón dulce, manzanas confitadas. ¡Oh, me acordé!… las granjas que arman con cabritas, gallinas, pollos, chanchos, vacas y caballos, ¡qué lindo!
Me gusta el olor a asado, y la sobremesa con los postres, el café o agüita con el kuchen. Me encanta, todo eso me fascina. Las reuniones familiares que se hacen, en donde una aprovecha de ver a todo el mundo; las juntas con los amigos, los niños corriendo por todas partes, lo encuentro topísimo.
Aunque gracias a Dios es solo una vez al año, ya que si bien me alucina el ambiente dieciochero, luego viene la parte amarga de esta época, y dura más que los días de fiesta. Y nos da el bajón. Los niños vuelven a clases, tenemos que levantarnos temprano, y sí, caer en la cuenta que finalmente se acabaron nuestras mini vacaciones. Si a esto le sumamos el cargo de consciencia porque nos damos cuenta que en cuatro días, ¡sí!, en solo cuatro días subimos cinco kilos, porque nos comimos todos los choripanes y nos tomamos toda la chicha, el caos es total. Mal, muy mal. Ahí y solo ahí comienza la tortura.
Y así nos pasamos días, qué digo días, ¡semanas! a pura lechuga y agua y reventándonos en el gym, que por cierto será una crueldad aún mayor el hecho de saber que con los 30 minutos corriendo de antes no haremos nada esta vez. Ahora necesitamos una hora de trotadora, a lo menos 30 de elíptica, bicicleta y después a caminar. O sea chicas, las 18.500 calorías extras que nos comimos en menos de una semana, sí, leyeron bien, menos de 1 semana, hay que eliminarlas como sea. Mujeres, antes muerta que sencilla. Podrán decirnos fea, pero guatona no, ¡eso jamás!
Es lindo el 18, la cueca, la chicha, las reuniones, pero debemos asumir los costos posteriores que debemos pagar.
Y como escuche por ahí en una paya…
…”Aro aro aro… brindo dijo la nutricionista, por el choripán y la empana’…pero después en el verano no te andi’ quejando guatona… cuuuuriosa”. ¡Jajaja!
¡Felices Fiestas Patrias a tod@s, y viva Chile mierda!