¡Me cansé!

Sí, lo asumo, me cansé; no quiero más, estoy agotada. Esto de levantarse todos los días temprano me tiene mal. Sé que es lo que me tocó, no solo a mí, sino a muchas de nosotras, pero ¿¿¿por qué??? ¿Quién fue esa mujer ultra feminista a la que se le ocurrió que hombres y mujeres debíamos tener los mismos derechos? ¡No sabe lo que hizo! Nos sentenció a una cadena perpetua, a una vida de retos y desafíos. Y ella, la muy yegua, seguro no hizo más que reclamar un poco. Y aquí estamos nosotras, años después, demostrando que somos power, que tenemos cerebro, que sí podemos; CON el doble de obligaciones que los hombres, y SIN los mismos derechos todavía.

De lunes a viernes, suena el despertador, y comienza la rutina diaria que termina generalmente a las 12.30 de la noche. Y cada uno de esos días, me acuerdo de esta tipa que nos “mejoró” la vida. ¡Qué daría ahora por estar “echada” en mi cama, con el control remoto en la mano viendo mis series favoritas! Pero no, aquí estoy, sentada en mi escritorio, resolviendo asuntos de oficina y escribiendo esta columna, y en mi cerebro circulan miles de otros pendientes como reuniones, entrevistas con los profesores del colegio, la nana y el nuevo contrato que hay que firmar, el supermercado -porque obvio que falta algo-, y así, mi cabeza suma y sigue, no para, y todo por culpa de esta señora súper feminista que quiso cambiar su vida, y de pasada la de todas nosotras…¡valorrrrr! ¿No se le ocurrió ser un poquito más visionaria y analizar los pro y los contra de la liberación femenina?

Chicas, yo soy pro mujer a full, pero créanme y les apuesto a que a todas nos gustaría a veces vivir la vida que tenían nuestras abuelitas. Las viejitas eran felices bordando, plantando rosas y luego podándolas; les tejían a los hijos cuanta cosa se les ocurría; el máximo estrés era porque se les olvidaba un punto. Se pasaban el día cocinando, probando nuevas recetas, deleitaban a sus esposos con postres increíbles, con galletitas, y pancito casero. Pero tenía que llegar una rebelde que no quería eso, no; ella quería trabajar, tener más oportunidades; ella pretendía que se hicieran valer sus derechos; ella quería ser escuchada… ¿¡por quéee!?… si estábamos tan bien antes.

No teníamos que revisar una cuenta corriente, depositar para no sobregirarnos, pensar en comprar nada pues “ellos” lo hacían todo. Sin trabajar, dueña de casa, mentenidas y felices. ¿O no? Imagínense si esta revolución feminista no hubiese existido. Hoy con tanta tecnología a nuestro alcance, nuestra vida sería perfecta. Nada de lavar a mano pues tenemos lavadoras, ni cocinar porque las cosas vienen prácticamente listas, un par de minutos al horno y ya estaría, etc., etc., etc.

Pero no, todo se terminó por una mujer que quiso “reivindicarnos”. ¿Y qué logró? ¡Jodernos más! Hasta nuestras relaciones de pareja cambiaron. Hoy, un hombre que se ve enfrentado a una súper womancomo la mayoría de nosotras, huye despavorido. Les tienen terror a las mujeres independientes, con cerebro, con opinión propia; les da pánico tanta inteligencia; los aterroriza que seamos el sexo fuerte, que podamos hacerlo todo solas; y les empelota que no dependamos de ellos, que podemos lograr cosas que a veces para ellos son impensadas. ¿Resultados? Muchas estamos solas, esperando que llegue ese hombre perfecto para complementar esta mujer moderna, con “miiiles” de derechos (y obligaciones, y responsabilidades, y cachos).

Pero yo me cansé. Quiero ser como era mi abuelita. Quiero que me abran la puerta del auto, que me protejan, que me hagan cariño, que me hagan el amor todas las noches y no estar cansada como perro como sucede ahora. No quiero pensar más, no quiero ser siempre perfecta; no quiero estar siempre en forma, sin estrías ni celulitis; sonriente y perfumada; con un currículum impecable que contemple ser la mejor madre, esposa, amiga, y profesional. ¡Quiero estar sin hacer nada! ¿Estaré pidiendo mucho?

Y sí. Hoy somos simples hormigas trabajadoras. Y por más cansadas que estemos, esto no para, y hay que seguir aperrando. ¿Por qué? Porque a una fémina como nosotras, se le ocurrió que hombres y mujeres teníamos que ser iguales.