Madre hay una sola… ¡Gracias a dios!

Ser mamá no es una tarea fácil. Y aunque siempre tratamos de hacerlo de la mejor forma posible, no siempre resulta. Y es ahí cuando empezamos a preocuparnos ya que las madres tenemos un rol importantísimo en la historia de nuestros hijos, marcándolos de manera positiva de por vida, o arruinándoselas a través de una influencia perjudicial. Para que no te conviertas en “ese” tipo de madre, te detallo una lista con las peores, así aprendes a identificar sus características y puedes diferenciarte en todo sentido.

Tipos de madres extremistas, que pueden llegar a joderles la vida a sus hijos, solo por egoísmo y ambiciones personales. ¡No lo seas!

1.- Madres estrictas: son aquellas que dominan a sus hijos, de forma consciente o inconsciente, siendo permanentemente autoritarias. Son madres absorbentes, controladoras, posesivas, que pretenden que sus hijos hagan solo lo que ellas quieren, como ellas quieren y cuando ellas quieren. Se sienten con el derecho de manejarles la vida a sus herederos, sin importarles su felicidad ni tranquilidad. Este tipo de madre nunca supera la costumbre de decidir por sus hijos, y cree que como eligió su jardín infantil, tiene todo el derecho de elegir su carrera universitaria, esposa, cantidad de nietos, nombres de estos, etc. El tema es que cuando los hijos tienen una opinión diferente, ella los ignora y logra darlos vuelta con tal rapidez que estos pobres individuos terminan pidiendo perdón incluso por haber pensardo por sí mismos. ¡Ni hablar si se rebelan! A ella se le caería el mundo. Esta bruja es capaz de todo antes que los pollos se le arranquen de su corral.

2.- Madres permisivas: muy por el contrario a las anteriores, éstas son aquellas incapaces de disciplinar a sus hijos. No existe un “no” como respuesta en sus vocabularios pues a ellas no les gusta ser autoritarias. A veces incluso permiten que su hijo tenga la última palabra y mande en la casa. Los hijos de estas mujeres hacen lo que quieren, son aves libres que a la larga se sienten solos, pues tanta libertad se a traduce en falta de preocupación y cariño. Los extremos no sirven, ¡los hijos necesitan límites para poder crecer sanamente!

3.- Madres despreocupadas: muy parecido al caso anterior, pero con la salvedad que pareciera que la pobre, en este caso, perdió todas sus neuronas en el parto. En su casa reina el caos. Llega tarde a todas partes, se olvida de todo, incluso a sus hijos en el colegio y siempre es la última en enterarse de las cosas. Si tienen fiebre, no se percatará hasta que estos empiecen a delirar. Su bajo nivel de preocupación la convierte en una madre exageradamente descuidada, nada la inquieta y nada afecta su paz. Sus hijos pueden estar trepados al árbol más alto del parque o pegándole a sus primitos, y ella ni se inmuta, porque simplemente no está ni ahí.

4.- Madres sobreprotectoras: y también está la otra cara de la moneda, las madres que tratan por todos los medios –incluso más allá de los razonable-, de evitarle cualquier tipo de sufrimiento a sus hijos. Hacen las cosas por ellos, impidiéndoles crecer, y desarrollar su autonomía. Ellas se encargan de solucionar todos los problemas de sus hijos, con sus pares, del día a día, etc.

Es que esta mujer está convencida que su hijo está hecho de cristal y que la más leve caída puede ocasionar daños irreparables en su frágil cuerpecito y alma. Es la típica mamá exagerada; cree que todos los caramelos que se venden en la calle vienen con droga y que si sus hijos están a diez metros de un fumador pueden desarrollar cáncer de pulmón; ante la más leve corriente de viento, los abriga como para ir al polo norte y si alguien estornuda en su cercanía empieza a desinfectar el ambiente con Lysoform. A medida que van creciendo, les recuerda que no besen a nadie sin antes exigirles un test de Elisa; los espera despierta hasta que regresen, obviamente aterrada, dejándoles 145 mensajes en el celular, agregando en cada uno de ellos algún motivo de preocupación que se olvidó de mencionar antes; no se va a dormir hasta no haberles hecho un alcotest, controlar la dilatación de sus pupilas y su temperatura. ¡Pobres madres! Lo que terminan criando es un niñito inseguro, un bebé de mamá… pollerudo como él solo cuando adulto.

5.- Madres celosas: son aquellas mujeres posesivas que se sienten dueñas de sus hijos. Los extrañan cuando no están, los vigilan constantemente y están convencidas de que nadie es suficientemente bueno para sus hijos, lo que se vuelve peor cuando crecen y encuentran pareja. Esa relación terminará siendo un eterno problema y competencia para estas señoras, pues sus “bebés” son de ellas y de nadie más. ¡Pobres hijos, y pobres futuras parejas! Dios las libre.

6.- Madres obsesivas: esto puede ser una patología, donde pensamientos y miedos, invaden la mente de esta mamá que no puede controlarlo. Son mujeres muy estrictas en cuanto a las normas que deben seguir sus hijos. Esto hará que ellos se sientan asfixiados y con una sensación de que, por mucho que lo intenten, nunca cumplen con las expectativas de sus madres. Si te reconoces de esta tipo, debes tratar de ser flexible; puedes controlar pero que no se vuelva una persecución ni mucho menos una invasión.

7.- Madres sufridas: es el fiel retrato de la víctima eterna que ha hecho del chantaje sentimental su profesión. Le recuerda a sus hijos una y otra vez que ELLA los PARIÓ (por supuesto con MUCHÍSIMO dolor tras 36 horas de parto); y cada vez que se siente poco valorada por ellos, le sobran las frases típicas para tirárselas a la cara: “Y pensar que en mi época no existían los pañales desechables y los tenía que lavar a mano… años me pasé fregando tus trapos y ahora tú no tienes tiempo de llevarme un ratito al súper”; o “¡Cría cuervos, que te sacarán los ojos”; o la clásica “Ojalá Dios me de vida para ver cómo serán tus hijos contigo”… Con el paso de los años ella se enferma constantemente por hobbie para llamar la atención y reclamar llorando a quien sea por “la clase” de hijos que tiene. ¡Valor!

8.-Madres lunáticas: este tipo es toda una caja de sorpresas. Uno nunca sabe hacia qué lado va a patear. Si amanece de buen humor es la reina de la paciencia y de la comprensión; pero cuando se levanta con el pie izquierdo es capaz de explotar con una fuerza tsunami-volcánica ante la más mínima provocación. ¡Y es terrible!, pues los maltratos y gritos están a la orden del día. Cuando crecen sus hijos, como ya no los puede castigar, el sarcasmo se convierte en su nuevo canal de desahogo, adquiriendo todo el encanto dañino, sumado a sus insultos y comentarios fuera de lugar, que son capaz de arruinar hasta la cena familiar más amena. Pareciera hasta que aprovechara las festividades y reuniones para hacer gala de su mal carácter.

9.-Madres fashion: ella siempre es la más regia en todos los cumpleaños y reuniones escolares y sus hijos parecen sacados de un catálogo de Baby Dior. Su lema es estar siempre ella y los peques a la moda, ¿las notas escolares?… ¡qué importan! Ella se preocupa no de academias extra escolares, sino de ir al shopping con ellos cada nueva temporada. En las celebraciones ella contrata a su decorador personal; desde que sus hijos son bebés crecen familiarizados con la peluquería, el nutricionista, el gimnasio, el spay el solárium, pues para ella, la apariencia física es lo más importante, ¡¡¡antes muerta que sencilla!!!

10.-Madres teen: ella es súper sociable, lejos la más entretenida y buena onda. Le encanta tener la casa llena de niños y deja que ellos hagan lo que quieran, pues en su vida, la diversión está a la orden del día. Ella escucha la música del momento, le gusta el reggaetón, la electrónica, la bachata, todo lo que esta in en la Radio Disney. Se considera una eterna adolescente, la mejor amiga de sus hijos. Todos los niños la adoran y secretamente desean que ella los adopte. Pero no todo es tan fácil, porque su hija está aburrida de que su madre le robe la ropa y compita con ella, y que interrumpa sus juntas haciéndose la canchera con todos sus amiguitos.

Chicas, como ven, todas tenemos un porquito de cada una, no existe la madre perfecta. Y aunque no vinimos con un manual bajo el brazo, sí podemos ir aprendiendo sobre la marcha, al menos lo que no debemos hacer. Para nuestros niños lo más importante es el amor que les podamos entregar. Tratemos de no ser extremistas, sino lograr un equilibrio. Hablar mucho con ellos, pero también escucharlos; poner límites y cumplirlos, pero no ser dictadora; enseñarles para que ellos mismos sepan hasta donde llegar, pero sin libertinaje. Las madres somos quienes les entregaremos las armas que necesitarán toda su vida. Pero chicas, ellos tienen que volar solos y experimentar con sus propios errores y ser felices con sus gustos y metas.

Nuestra labor es educarlos, enseñarles, amarlos por sobre todas las cosas, pero cuando ya crecen, las decisiones son de ellos. No cometamos los errores que llevarán a nuestros hijos a querer abandonar nuestro hogar porque no nos soportan… o a nuestras hijas a decir “quiero ser todo lo contrario de mi mamá”, pues ahí, es cuando notaremos que hemos fracasado en esta labor tan maravillosa que nos asignó Dios… ser mamá.