Los diferente tipos de ex

Me puse a pensar que las mujeres tenemos un nivel de tolerancia y aguante increíble. Es impactante hacer un repaso por nuestras vidas y darnos cuenta que hemos besado no solo sapos, príncipes y mendigos, sino también locos, sicópatas, y otras extrañas especies que les aseguró a todas se nos han cruzado alguna vez en el camino.

“Hay de todo en la viña del Señor”, dice un famoso dicho popular, y así es. Está lleno de hombres pasteles, y obvio que todas alguna vez hemos tenido uno.

¿Quién no tuvo ese pololo de escasos recursos en la época universitaria, o sea pobre, pero pooobre? Ese que nos sacaba a pasear en micro, con quien juntábamos las monedas para trasladarnos. Y ni hablar de salir a comer a algún restaurante de mantel largo, ¡ni en sueños! Nos conformábamos y éramos felices con un as de algún carrito, en el que incluso compartíamos una bebida, ¿qué romántico, no? Él no tenía ni uno, y ahora el muy yeguo se volvió millonario. Puso una empresa a la que le va increíble, tiene un deportivo del año, viste solo ropa de marca ultra cara, a sus parejas las opera enteras y las llena de lujos. Nooo, ¡valor! ¡Y nosotras nos perdimos todo eso!

Hay otro tipo de espécimen bien recurrente también: el que no asume su edad. Ya lo conocimos cuando era mayorcito, y lógico los años no pasan en vano. Ahora está viejo, pero no asumido. Se vive operando, se tiñe el pelo, se viste como veinteañero, escucha reggaetón o lo que esta in en las radios, tiene un convertible, va a los lugares de moda. En resumen, un abuelito que se cree lolito. Y nosotras lo miramos y no entendemos en qué estábamos pensando cuando tuvimos una relación con alguien tan, pero tan viejo

¿Y qué me dicen del ex del que nos salvamos solo porque Dios es grande? Sí, la última vez que lo vimos era guapo, joven, esbelto, curvilíneo, bien rico. ¡¿Qué le pasó a este hombre?! Con los años se transformó, mutó, cambió y ahora está igualito a Shrek. Se puso feo, extra guatón, suelto, todo, pero todo chicas le cuelga; barbón, mal vestido, ¡está irreconocible! Entonces cuando lo vemos nos hacemos las locas y agradecemos al cielo habernos librado de ese adefesio.

¿Y el que se puso mino? Nooo, ¡valor! Nada duele más que ver a un ex años después y descubrir que no era el patito feo, era el tremendo cisne de cuello negro, ultra negro y largo. Y nosotras que lo queríamos, lo encontrábamos lindo porque era nuestro pololo, aunque reconocíamos que era bien feíto, y ahora el muy desgraciado es un adonis. Depresión máxima, ¿cómo pasó eso?, ¿por qué lo dejamos?, ¿cómo no fuimos un poco visionarias? Ya es tarde, tiene a otra, una modelo 90-60-90. Golpe bajo para nosotras.

Tenemos por otra parte al ex tecnológico, ese que nos sigue en Facebook, Twitter, Instagram, Keek, Snapchat, Whatsapp. Ese que nos psicopatea por cuanta red social existe, que nos “comenta” todo, todo “le gusta”. Ve cada una de nuestras fotos, nuestros estados, o sea es un ex ultra informado sobre nuestra propia vida. ¡Que se haga una propia!

El que cambió de villano a macabeo. Ese que era un patán, y ahora es excelente esposo, responsable, un padre abnegado que anda con sus niños para todos lados, los pasea en coche, los muda, los cuida y al que le encanta la vida familiar… ¡Y a nosotras nos decía que le cargaban las guaguas, que él no se veía casado, que odiaba los compromisos, que amaba su libertad! Jamás logramos que se proyectara con nosotras y ahora es el hombre ideal…¡plop!

El ex acosador. Éste existe y es de temer. Es ese que nos sigue llamando, que no ha superado la ruptura, cuya vida sigue girando en torno a la nuestra. Que nos llora, nos manda canciones, videos, e-mails, fotos de cuando estábamos juntos. Aparece en donde estemos y siempre “de casualidad”. Empeorando las cosas cuando anda melancólico y copeteado, ya que pueden ser las tres o cuatro de la mañana y recibimos sus mensajes. Nos canta por teléfono y nosotras con toda la paciencia del mundo le explicamos que ya se acabó, que ya no hay vuelta atrás, pero el hombre ¡pucha que es porfiado!

¿Y quién no tuvo un ex mamón? Lo dejamos por mamón y sigue siendo un mamón. ¡No hay caso! El muy perla sigue viviendo con su mamita, preocupado de avisarle cada movimiento que hace a “su mami”. El muy pelotudo ya es un cuarentón, pero “la mami” se preocupa, así que él trata de ser consciente. ¡Así nunca se casara ni tendrá una relación estable! A ninguna polola le gusta “la mami”. ¡¡¡Del terror!!!

¿Y el mujeriego? Ese que nos gorreó con la vecina, la amiga, la compañera de trabajo, la prima. Mina que se le cruzaba, le gustaba y después el muy caradura lo negaba. Lógico, lo dejamos por infiel y ahí sigue, igual que siempre. Ha tenido miles después de nosotras, de todos los tipos, todas las razas, diferentes culturas y colores, ¡y no se cansa! Como dicen por ahí, “el que nace chicharra muere cantando”…

Bueno chicas, esto es solo una pequeña pincelada de lo que nos ha tocado enfrentar en nuestra vida en cuanto a parejas se refiere. El universo de pasteles es mucho más grande, lo sé. De todas maneras nos queda la tranquilidad que después de besar tantos sapos, deberá llegar algún día, y si es que aún no lo ha hecho, el príncipe azul, ¡no perdamos la fe!