Quién no ha soñado con tener su propio Christian Grey. Quién no se ha imaginado a ese hombre guapo, joven, sexy, millonario, protector, que se viste increíblemente bien, cuyo perfume penetra nuestra piel, que nos desviste con la mirada y que además nos ama. Ese macho alfa que nos desea tanto y de tantas maneras, ese animal que nos toma con fuerza de la cintura para hacernos saber que somos de él, de su propiedad; ese hombre osado que lo quiere todo, pero todo y solo con nosotras. Ese hombre que nos besa con tanta pasión que antes que termine el beso ya estamos listas para ir a la guerra donde y como sea. Díganme ¿quién no ha fantaseado con tener a su propio Grey? Chicas, la que este libré de pecado que tire la primera piedra.
Pero parece que ese hombre es solo producto de la imaginación de una escritora lujuriosa, o, en el mejor de los casos, un espécimen extranjero. Pues cabe preguntarse, ¿cómo sería un Grey “a la chilena”? ¿A dónde nos llevaría? ¿Qué nos haría? ¿Existirá en Chile algún prototipo, algún prospecto, alguien remotamente parecido a este hombre que nos tiene a todas las mujeres suspirando por él, mientras devoramos cada página de estos libros?
La verdad, no creo que exista en estas tierras. Asumamos, los chilenos son fomes, conservadores y aburridamente monótonos. No se les ocurre nada nuevo, no son osados, no tienen ese fuego interno, esa “calentura” que puede bajar en cualquier lugar y a cualquier hora, son rutinarios.
Durante el pololeo, el noviazgo e incluso con un amante, se pueden vivir un par de locuras sexuales. Los hombres pueden llegar a ser más intrépidos. Pero, amigas mías, luego una se casa, llegan los hijos y tenemos que conformarnos con leer a Grey, y quizás, y con un poco de suerte, logremos un sueño erótico donde se nos aparezca este adonis, mientras nuestro marido duerme a “pata suelta” a nuestro lado.
Lo más dramático es que con estos libros ¡por Dios que se aprenden cosas y una quiere experimentarlas! Pero, ay de nosotras, si se nos ocurre llegar a casa y mostrarle a nuestra pareja un par de esposas o cualquier artículo salido de un sex shop. Los hombres no ven mas allá y sus reacción es una clásica dicotomía: o estamos siendo infieles o nos convertimos en mujeres desvergonzadas ¡Qué injusto!
Yo me pregunto a raíz de esta famosa trilogía inglesa, ¿cuántas de nosotras seríamos capaces de someternos a las exigencias de ese amo con tal de vivir esa satisfacción mutua de la que tanto se alardea en este libro? ¿Estaríamos dispuestas a ir al gimnasio aunque no nos guste solo como una imposición, a dormir 8 horas diarias aunque no tengamos sueño, a que nos compren ropa de diseñadores exclusivos y tener un auto en la puerta -y no cualquier auto, un Audi-? ¿Seríamos capaces de andar con un guardaespaldas día y noche, tener que beber champagne Bollinger, estar perfectamente depiladas siempre, ser una esclava sexual, todo para hacer feliz a nuestro amo y señor? Yo creo que muchas sí. Les apuesto que si saliera un aviso en un diario buscando una Anastasia chilena, la fila de postulantes sería interminable. ¿Quién de ustedes no sucumbiría frente a semejante desafío? Por mi parte, yo ya estoy inscrita por si algún día llega a aparecer ese Christian Grey criollo buscando a su sumisa en nuestro país.
Pero mientras eso ocurre, puedo decir ciertamente que en este país existimos más Christinas que Christianes. Según estudios realizados en Santiago, las que más acuden a los Sex Shops en busca de juguetes sexuales, estimuladores, cremas, disfraces y cuánta cosa existe en el mercado para satisfacer las necesidades sexuales, son las mujeres. Definitivamente, las mujeres somos más osadas, por decirlo de una manera sutil. Somos las que sabemos que es necesario alimentar la relación de pareja, que es necesario mantener prendido el fuego y la pasión, porque lamentablemente en estos tiempos la que pestañea pierde.
Las reprimidas se están liberando, se están atreviendo a innovar y ¡qué bueno que así sea! Las mujeres no podemos ser solo buenas madres, excelentes dueñas de casa y trabajadoras. Hoy es un deber ser excelentes amantes. No podemos darnos el lujo de dejar al marido o la pareja de lado, porque siempre habrá por ahí una Christina acechando. Por eso mismo, debemos usar todas nuestras artimañas y si de atar se trata, nos atamos ¡ y qué tanto! No seremos la primera ni la última en caer en la tentación de jugar a ser una sumisa dominada por un Grey, aunque éste no sea más que la copia en versión nacional de este macho soñado (además, Anastasia lo pasaba harto bien ¡si hasta envidia me da la “yegua”!).
Así que chicas, si no pueden contra el enemigo, unámonos a él. Celebremos que somos mujeres, que estamos vivas, que nos gusta el sexo.¡Celebremos que aunque nos falte el amo, nosotras igual somos las nuevas Christinas Greys!