¡Los hombres infieles están expandiéndose peor que una plaga!
Yo no sé si nacen o se hacen, pero lo que sí sé, a ciencia cierta, es que no es algo contemporáneo. Definitivamente desde que se creó la humanidad existe la infidelidad. Ya se vivía en la época de Julio César, Alejandro Magno o el Rey Arturo; y hoy parece que es más aún, lo vemos en las historias de Tiger Woods, Berlusconi, Jessie James y otros. ¡Y yo que pensaba que solo los chilenos eran infieles por naturaleza!
En mis viajes, en los cuales visité distintas ciudades, descubrí que en Chile los adúlteros, son niños de pecho comparados a los de Europa y Estados Unidos. Es que chicas se mueren las historias que les voy a contar, ¡son del terror!
Llegué a Nueva York, y conocí a una amiga de mi primo. Al principio la tipa me cayó pésimo, es más, la bauticé como “amargamel”. A los pocos días de convivir con ella, me fui enterando de la razón de su amargura: ella estaba viviendo un calvario en su matrimonio.
Ella, de 31 años y él de 25 llevaban dos años de casados y tenían una hija pequeñita. Hace dos meses ella empezó a notar que el estaba particularmente extraño. Veía que se encerraba mucho tiempo en el baño, se sacaba muchas fotos, recibía llamadas misteriosas a horas poco adecuadas, llegaba muy tarde del trabajo, se excusaba diciendo que por temas laborales debía viajar tanto, y muchas cosas más.
Ella claramente empezó a sospechar. Hasta qué un día, el salió muy apurado a su trabajo y olvidó su caja fuerte abierta, donde había un celular que estaba con código. Pero como la duda la carcomía hace tiempo, no dudó en buscar quien lo desbloqueara y respaldara toda la información en un pendrive.
Cuando vio el contenido, casi se muere. ¡El muy desgraciado tenía 16 amantes! Siete amantes en la misma ciudad que vivían, y las restantes repartidas por distintos lugares adonde el iba supuestamente por sus viajes de negocios. Conversaciones triple X con todas, fotos pornográficas, enviadas a cada una de ellas y otras tantas recibidas. El que pintaba para santo, resultó ser el infiel más grande del mundo.
Cuando ella lo enfrentó, el muy descarado dijo que las fotos eran trucadas, que el celular era de un amigo. Aunque después de tres horas de tortuosa conversación lo reconoció, rogándole que lo perdonara, que habían sido aventuritas de solo unos días.
La pobre chica quedó destrozada, y hoy está exigiendo el divorcio. Lo peor es que el cara de palo se niega porque dice que la ama, uf, ¡la manerita de amar digo yo!
Luego, al seguir mi travesía, conocí a otra pareja. Él de 49 años, Opus Dei; ella de 46. Llevaban 22 años de matrimonio, y nueve hijos, ¡valorsh! El muy desgraciado no solo tenía una amante, sino ¡una familia entera, casa y dos hijos en otra ciudad! Su trabajo lo llevaba a viajar mucho, así, mantenía estas dos familias sin que ninguna tuviera conocimiento de la otra.
Pero como existe algo que se llama justicia divina, el engaño finalmente quedó al descubierto y de la manera más insólita. Fue en unas vacaciones en las que viajó con su esposa oficial y sus nueve hijos a un resort, en el cual se encontró con la otra mujer. ¡Imagínense la escenita! Casi se originó un incendio por las chispas que le salían a estas pobres mujeres engañadas.
Ya con tanta historia de traición estaba agotada. ¡Y yo que pensaba que solo a una le sucedían estas cosas! Finalmente llegué a mi destino. En la playa, de guatita al sol, conocí a una mujer preciosa, de 30 años, con dos hijos pequeños, y casada hace seis años ya. Y me contó su historia.
Ella juraba que tenía el marido ideal, hasta que una noche, a las tres de la madrugada, suena su celular. Al otro lado del teléfono una mujer que le preguntaba por su marido. Se suponía que el susodicho andaba celebrando una despedida de soltero por lo que aún no llegaba a la casa. Cuando ella la increpa preguntándole quien era y por qué llamaba a esta hora, la tipa le responde “soy su novia, ¿quién eres tu?”
Ahí quedó la escoba, el tipo llevaba cuatro años de relación extramarital, que quedaron comprobadas con fotos, videos, conversaciones, etc. Hasta le había prometido irse a vivir juntos, diciéndole que su mujer era una desgraciada, que solo estaba con ella por los hijos, que solo quería su dinero, por eso requería mayor tiempo para separarse.
Cuando su marido volvió a la casa, ella le tenía tres maletas armadas con su ropa, y ni siquiera lo escuchó. Fue tanta la desilusión, la decepción, que a ella se le acabó el amor así de golpe.
Amigas, luego de haber escuchado a sus propias protagonistas contar estas historias dolorosas, puedo decir a ciencia cierta, que los hombres son todos iguales. Claro, algunos se salvan, pero la mayoría, sin importar el color de la piel, nacionalidad, religión, estatura, peso, situación económica, profesión, o edad, son infieles, al menos una vez en su vida.
Pero por más que le doy vueltas al tema, no encuentro una explicación, un por qué a esta necesidad de traicionar. Creo que si uno no es feliz con la persona que tiene al lado, ¡para qué hacerla sufrir!, ¡para qué engañarla! Es mejor dejarla ir. Una sí, puede aprender a amar de nuevo, podemos rehacer nuestras vidas, y encontrar a alguien que nos ame de verdad y que no tengamos que compartir con nadie más. Una sí puede, pero es mejor y más sano cuando no tenemos el corazón destrozado en mil pedazos. No nos merecemos eso.
Chicas, como ven, esto es a nivel mundial. Lo que pasa es que las mujeres ya no somos las de antes, por lo mismo estos descriteriados están quedando al descubierto. Así que, estén siempre atentas a sus instintos, no vaya a ser cosa que tengan a un infiel durmiendo en su propia cama, un lobo con piel de oveja abrazándolas.