Si nos damos un minuto para mirar nuestras redes sociales, lo más probable es que nos demos cuenta que tenemos cientos y hasta miles de amigos. Pero chicas, los verdaderos amigos, esos leales, incondicionales, esos que siempre están cuando los necesitas, a la hora y en el lugar que sea, esos amigos, los cuentas con los dedos de la mano.
La definición de amistad proviene del latín amicĭtas, que deriva del verbo amar. Se trata de una relación afectiva entre dos o más personas. Cuando una amistad es verdadera los valores más importantes son la sinceridad, el conocimiento mutuo, la aceptación y el respeto. Ni siquiera la distancia con esa persona con quien se construyó en algún momento una relación verdadera es motivo para que una amistad termine, ya que si ésta es real, no conoce de tiempos ni espacios. Y es que un amigo de tomo y lomo, nos da esa seguridad de saber que contamos con alguien que nos acepta y nos da su cariño de forma incondicional, sin pedir o exigir nada a cambio.
Pero hay que saber que existen todo tipo de amigos. Están los amigos de nuestra infancia, esos con los que te encuentras después de diez años y que recuerdas las anécdotas del colegio y los veranos juntos. Están también los de la universidad, que por lo general se convierten en tus compañeros de estudio y tus partners de carrete en la juventud. Están también tus primos o tus hermanos, que muchas veces serán tus mejores amigos. Una madre también puede ser una gran amiga durante nuestra adultez. Y están los amigos que te regala la vida, esos que conociste por azar, por obra del destino, y que llegan a convertirse casi en tu otra mitad.
Pero existen también otras “amistades”, esas que no entiendes por qué quieren estar a tu lado, o qué las hizo cambiar tanto, al punto tal de caer fácilmente en la deslealtad, la falta de confianza, la falsedad. Ésas que terminan enterrándote un puñal por la espalda sin importarles nada. Y duele, ¡por Dios que duele!
Pero es cuestión de “agudeza sentimental” ir descubriéndolos. Te puedes dar cuenta en pequeños detalles, pues cuando ese “amigo” está a tu lado solo respiras hipocresía, cinismo. Lo miras directamente a sus ojos y te das cuenta que ya no es lo de antes, que ya no existe cariño, que algo lo cambió, y que por lo mismo ya no puede ser parte de tu “círculo de hierro”, porque no sabes cuándo te traicionará.
En una verdadera amistad no existe la competencia; uno no está midiendo logros para saber quién es mejor. La amistad no es condicionada, sino algo sincero y si no lo sientes así, mejor aléjate. Más vale tener pocos amigos y buenos, a ser un Roberto Carlos cualquiera y que para tener un millón de amigos no discrimina si lo son de verdad o no.