Estás… ¿Soltera otra vez?

Comenzó la segunda temporada de la exitosa serie Soltera Otra Vez por las pantallas de Canal 13, y vemos como Cristina (Paz Bascuñán) está feliz rehaciendo su vida con Álvaro (Pablo Macaya), después de haber terminado tristemente su relación con Monito (Cristián Arriagada), y haber sufrido durante toda la primera temporada a causa de este quiebre.

A raíz de esto, yo me cuestiono sobre lo difícil que es volver a ser soltera después de haber vivido intensamente una relación, después de haber amado tanto a alguien. Darse cuenta que el amor terminó, que los sueños en conjunto se acabaron y que los proyectos se esfumaron es realmente angustiante. Y lo más desgarrador de todo es que ¡estamos solas de nuevo!

Lo más difícil, creo yo, es dejar ir el dolor, ese que te desangra cuando llega la noche y caemos en la cuenta que nos sentimos vacías, que ya nada será lo mismo, que debemos seguir nuestro propio camino y en solitario.

Ser soltera otra vez implica asumir un fracaso emocional, es ver como una parte de nuestra historia se quiebra ante nuestros ojos. Y es natural que quedemos heridas. Seguramente creeremos que nunca podremos superar ese dolor, que no volveremos a confiar en nadie otra vez, ni mucho menos enamorarnos de nuevo. Buscaremos culpables, muchas veces sin encontrarlos, y ahí deberemos asumir que simplemente no era el indicado…

Y no solo tendremos que lidiar con esa angustia, sino que además con las situaciones prácticas y cotidianas de cada día. ¡Pucha que es complicado estar soltera! Debemos asumir nosotras solas las responsabilidades que antes compartíamos en pareja. Debemos borrar la palabra “nosotros” y aprender a decir “yo”. Debemos entender que ya no “somos”, ahora “soy”.

Pero chicas, para nuestro bien o nuestra desgracia, nuestro ex irremediablemente será parte de nuestros recuerdos, quedará impreso en nuestra memoria. Si tuvimos hijos con él tendremos que seguir viéndolo y manteniendo una relación “adulta y madura” por el bienestar de ellos. No será más nuestro amor, pero sí, el padre de nuestros niños, lo que más amamos en el mundo. Y ese lazo indisoluble nos unirá por siempre. Si no hay hijos en común, no tendremos la obligación de verlo. Pero como las mujeres somos masoquistas, de seguro encontraremos la forma de cruzarnos “casualmente” con él para verlo aunque más no sea un instante, y saber si ya nos olvidó, si rehizo su vida, con quién, cómo, y porqué en tan corto tiempo.

Debemos vivir el duelo, asumir el proceso, y para eso es muy necesario tener un grupo de apoyo. Las amigas en estos casos son fundamentales; ellas siempre estarán ahí para darnos una palabra de aliento, un reto bien merecido, un abrazo, y un mensaje esperanzador. Con nuestras partners podremos darnos el lujo de gritar de rabia, llorar con el alma, preguntarnos mil veces ¿porqué?, ¿qué falló?, enviarle al susodicho mil maldiciones, y luego arrepentirnos y extrañarlo, decir que lo perdonamos y que aún a pesar de todo quizás seguimos un poco enamoradas; con ellas podremos auto convencernos de que tal vez su partida fue lo mejor, contar mil veces la misma historia, revivir todo lo amado y lo sufrido, arrepentirnos de mil cosas. Necesitamos ese hombro para desahogarnos, para saber que realmente no estamos solas, que siempre habrá alguien a nuestro lado apoyándonos, alguien que nos dirá que a pesar de todo, vamos a estar bien.

Dicen que el tiempo es sabio, que cura todas las heridas. Pero, aunque suene muy desesperanzador, no es tan así. Los días van pasando, y cuesta aceptar que ya hay un final. Hacer actividades que nos distraigan, salir, compartir con más gente, trabajar, mantener la mente ocupada, todo eso ayuda, pero no hace milagros. El tiempo pasa, sí, pero no borra el dolor, no cura mágicamente un corazón herido. Sólo nos ayuda a entender, con mucho esfuerzo y pena de por medio, que algunas cosas han cambiado en nuestra vida y que no tenemos más remedio que aceptarlo.

Sí, duele, ¡pucha que duele!, yo lo sé. Romper una relación, alejarse de quien uno ama, sea por la razón que sea, es algo terrible, es desgarrador, pero sí se puede salir adelante, sí se puede aprender a querer de nuevo, sí podemos volver a amar. Es más, debemos darnos esa posibilidad. Hay que secarse las lágrimas, rearmarse, reponerse, levantarse cada día y continuar. Nadie que yo conozca ha muerto de amor. Somos mujeres, somos poderosas, somos fuertes y estar solteras otra vez puede incluso llegar a ser una buena experiencia que nos fortalecerá aún más. Sólo debemos tener ganas de empezar de nuevo. Siempre habrá una segunda, tercera, cuarta o quinta oportunidad para volver a amar. ¡Amigas, se puede!