El “síndrome de Penélope” nace inspirado en el libro La Odisea, donde una solitaria mujer espera incansablemente a su amado héroe Ulises. Hoy en día, la historia se vuelve más real de lo que quisiéramos ya que son muchas las mujeres que obstinadamente aguardan a ese príncipe azul, que muchas veces no llega…
Según la leyenda que relata Homero, Ulises partió hacia la guerra de Troya, dejando a su joven esposa Penélope y a su hijo Telémaco. Antes de salir, se despidió de su mujer diciéndole: “Cuando veas que mi hijo ya tiene barba, cásate con quien quieras y abandona tu casa”. El tiempo pasó, y la historia cuenta que el hogar de Penélope se vio asediado por 108 pretendientes, sin lograr captar la atención de esta joven mujer, que seguía esperando a su amado.
Aunque ustedes no lo crean, el síndrome de Penélope es un trastorno psicológico real, en el que especialistas tratan a aquella mujer que espera siempre lo imposible, aferrándose a lo más deseado, que generalmente suele ser irreal.
No todos los casos son iguales. Hay mujeres que esperan ansiosas la decisión de sus novios o parejas para casarse, econtrándose siempre con excusas que dilatan la petición; algunos aluden no estar preparados emocionalmente, otros que son muy jóvenes, los estudios, etc. Y así muchas veces esta interminable espera termina finalmente en un adiós.
Hay otras mujeres que sufren por ser “la otra”, la amante que por años acepta el amor de un hombre comprometido y espera ilusamente que él se separe. Y aguardando solo recibe excusas, que los hijos aún están chicos, que la mujer se niega a darle el divorcio, que los nietos, que la presión social, que los enredos económicos. Y así, esa “Penélope” espera y espera detrás de bambalinas, pasando sola la Navidad, el Año Nuevo, las vacaciones de verano y de invierno, los domingos y tantos momentos más. Y la vida transcurre, y su juventud se consume. ¿Y él?, bien gracias; “atado” para siempre a su matrimonio, a un engaño que no solo afecta a su esposa sino a aquella que aceptó vivir ese falso espejismo con él.
Y están aquellas otras que aguardan obstinadamente a su amor imposible, a ese príncipe de cuentos de hadas que no existe, más que en su imaginación. Y rechazan una y otra vez esas almas gemelas que se afanan en conquistarla, en entregarles todo el amor, que ese sueño irreal nunca les dará.
Y así, las mujeres con el síndrome de Penélope dan hasta lo que no tienen, en espera de ese amor que no llega o que nunca será suyo. Y con una pasividad sorprendente siguen amando a aquel imposible.
Una vez escuché que lo que no funciona al principio, no funciona finalmente. Y es verdad, porque en definitiva, puede que haya una espera prudente, pero mientras tanto los años pasan, y a lo mejor la vida nos acerca a otros amores que sí son posibles, reales y sobre todo legales, y nosotras los dejamos pasar corriendo el riesgo de quedarnos completamente solas. O lo que es peor aún, nos aferramos a un ideal y terminamos con una desilución, tal como la Penélope de Joan Manuel Serrat, aquella que luego de esperar en la estación del tren a su amado, al verlo regresar, se dio cuenta que ya no era a quien ella esperaba.
¿Vale la pena esperar? No lo creo. Pero tampoco sé a ciencia cierta cómo salir o escapar de este síndrome que atrapa a tantas mujeres sin poder desprenderse de ese Ulises. Lo que sí puedo aconsejarles, es que no se amarren a los recuerdos de lo que fue, sino a lo que es hoy. La felicidad no es algo que se vive rememorando el pasado, o imaginando el futuro, la felicidad esta aquí y ahora. Seguramente, al renunciar a lo que no corresponde aparece la pareja perfecta.
Chicas, tengan fe, y también pongan de su parte. Tengo la convicción de que un día estas mujeres evolucionarán, crecerán y empezarán a vivir en serio, liberándose así, del triste síndrome que tanto dolor les causó. Ánimo chicas, no queremos más Penelopes, ¡no lo merecemos!