Conocidas hay muchas, amigas pocas

La amistad es algo único, especial, que hay que cultivar y saber apreciar. Los amigas son un regalo de la vida, son personas que elegimos para ser parte de nuestro paso por este mundo, y que estarán siempre en las buenas y en las malas. Y es precisamente ahí cuando nos damos cuenta lo frágil que es la palabra amistad, pues en esas situaciones es cuando final y dolorosamente entendemos que no todas son nuestras amigas, algunas son solo “buenas conocidas”.

Una verdadera amiga siempre está a tu lado, no te abandona nunca, ni en los peores momentos. Te apoya cuando más lo necesitas. Es capaz de desplazarse a sí misma poniéndose en segundo lugar, si siente que tú la necesitas.

Cuando entrevisté a Carolina del Real, una chica portadora del VIH, le pregunté cómo habían reaccionado sus amigas cuando se enteraron de su situación, y ella me respondió con algo tan cierto: “Esta enfermedad es como un ventilador, aleja a aquellas personas que no son tus amigas…” Y así es, cuando vives cosas extremas, fuertes, muchas “amigas” desaparecen, porque no pueden o no se sienten capaces de acompañarte en el difícil camino del dolor.

Una verdadera amiga te escucha sin juzgarte, te acompaña y te entiende. Ella jamás te falla, y si lo hace, no encontrará palabras suficientes para pedirte disculpas, tratando de hacer lo que sea para que la perdones, porque una amiga real nunca te hace daño de manera intencional.

Una verdadera amiga es como una hermana, puedes confiar en ella 100% pues nunca te defraudará. El resto, la que te juzga, te critica, te pela, te menosprecia, te ningunea “por tu bien”, ésa no es tu amiga; porque una verdadera amiga se pone en tus zapatos y trata de entenderte, y si no lo logra, te consuela, te reconforta, te cuida, te protege y te ayuda siempre, cueste lo que cueste.

Lo cierto es que una verdadera amistad crece con el tiempo, no es de la noche a la mañana. No porque alguien te ayudó una vez será tu mejor amiga, pues para serlo debe parecerse a ti. Será aquella que te comprenda, que te muestre el camino más adecuado con un cariño absoluto e incondicional, aún cuando no apoye tus decisiones o tus actitudes. Y obviamente, no se encuentra a alguien así de un momento al otro.

La amistad se construye en base a vivencias, a situaciones y emociones. Es un tesoro invaluable, que no se puede medir con una huincha, ni pesar en una balanza, solo se valora.

Puede ser que la distancia, o la vida te aleje de una amiga, pero aún cuando ella no esté físicamente cerca tuyo, en el fondo sabes que igual puedes contar con ella. Son personas que aunque los años las separen, que les impida saber nada una de las otra, cuando se reencuentran, lo hacen con los brazos y el corazón abierto.

Entre las amigas no existe la envidia, el oportunismo; no existe la falta de tiempo, ni la falta de ganas. Poco interés, nada de compromiso, mucha deslealtad y  omisiones -que finalmente son traiciones-, no son actos de una amiga, tal vez sí de una simple conocida, quizás buenas conocidas, que hay muchas, ¿pero amigas?, ¡amigas hay pocas!

Gracias a Dios, puedo decir que tengo excelentes amigas (también muy buenas conocidas), y que con el paso de los años, con muchas desiluciones de por medio, aprendí finalmente a diferenciar perfectamente quién es quién.