Celos, siento celos ¡¿Y qué?!

Los celos son el miedo a perder a quien amamos. Son el vicio de la posesión, y han sido, desde siempre, desencadenantes recurrente de peleas, distanciamientos, términos, y separaciones.

Los celos se pueden definir como un estado emotivo ansioso que sufre una persona por el miedo ante la posibilidad de perder lo que cree que le pertenece. No son más que desconfianza y dudas constantes, que lo único que hacen es perjudicar la relación con esa persona amada, que termina siendo víctima de ellos. Pero queramos o no, existen y todas en algún minuto llegamos a sentirlos. Créanme, nadie esta libré de ellos.

Yo no era celosa. Esa era una de mis grandes cualidades como pareja, un plus como mina; ¡o sea!, todos los hombres quieren una mujer que no los cele, que no los joda, que los deje tranquilos. Y bueno, yo era ese tipo de fémina.

Yo motivaba a mi pareja para que saliera con sus amigos, le armaba los carretes; nunca le puse horarios, menos lugares prohibidos, el podía ir donde quería, yo confiaba absolutamente en el.

Sus amigos decían que cuando se casaran lo harían con una mujer como yo, cero bruja, y yo inflaba el pecho como un pavo real. Era la gurú, la maestra para el resto de novias y pololas del grupo. Todas me cuestionaban: “¿Cómo no te molesta que salga solo, que carretee sin ti? ¡Puede conocer a otra!” Pero yo era de la idea que si tenía que conocer a otra, lo podía hacer en un semáforo, en una farmacia, en cualquier lado. Por lo que eso no me torturaba. Así era yo, cero celos.

Es más, en una oportunidad celebrábamos mi cumpleaños con la casa llena de amigos. Todos querían ir a bailar, y yo con jaqueca mal, por lo que mi ex terminó saliendo con todos a bailar mientras yo me quedé acostada. Pero ni eso me urgió.

Pero como la vida es cruel y le gusta vernos sufrir, tuvo que llegar un hombre a mi vida que desencadenó, afloró, y provocó en mi ese despiadado sentimiento que son los CELOS. Todo eso que era tan desconocido para mi, ¡el lo sacó a relucir!

Al principio fue todo miel sobre hojuelas, ultra confianza, full credibilidad, pero el tiempo va pasando y en este proceso vas descubriendo cosas, enterándote de anécdotas, situaciones particulares, pillando un par de mentiritas piadosas, OMISIONES que finalmente son TRAICIONES, y eso llega a convertirte de la noche a la mañana en una bruja celópata, compulsiva, obsesionada, manipuladora, psicótica, neurótica, e insegura….

Por culpa de ellos nos transformamos en investigadores privados, nos convertimos en las mejores hackers, les ponemos hasta un GPS a su celular, y todo para pillar a esos gusanos malditos ahí mismo, in situ, con las manos en la masa.

¡Pobre de el que se le ocurra mirar a otra! O sea, es que lo mato. ¡Y pobre de esa otra a la que se le ocurra hablarle! En dos minutos me convierto en la peor fiera del mundo. El es mío, sólo mío, así que ni se le acerquen.

El creó este monstruo que soy ahora, el me hizo sentir celos, y ahora se queja.

Yo me desespero, me dan ganas de aniquilar a las yeguas que se le cuelgan a mi amado cuando lo saludan, termino pellizcándolo para escuchar luego mil justificaciones absurdas, pero yo no le creo nada.

¿Que lo llame la ex por cualquier cosa? Nooooo, eso me descompone el día. ¿Que prefiera salir con los amigotes en vez de regalonear conmigo en la camita viendo enredados, películas? Eso también me desequilbra.

¿Y la ‘mami’? No tengo celos de ‘mami’, pero que ‘mami’ llame cinco veces al día es simplemente ¡mucho!

En resumen, yo cambié. No sé donde quedó aquella mina buena onda, aquella mujer a la que todo le daba lo mismo. Hoy me asumo mujer celosa, y de las bravas. Lo que es mío, es mío y punto; lo defiendo con uñas y dientes. Así que chicas, si ven a mi adonis por ahí ni se les ocurra acercarse…tengo ojos en todas partes, cuidando, vigilando, acechando, porque este es el mundo de los vivos y lamentablemente la que pestañea pierde.