¿Porqué casi siempre las mujeres nos enamoramos del hombre incorrecto, del que nos hace sufrir, del gorrero, del pastel con todas sus letras?
No he conocido ni una sola mujer que no haya tenido en algún minuto de su vida un hombre cacho. Y al decir cacho me refiero a que si no es mamón, es frío y descariñado, si no es amarrete, es enfermo de derrochador y no tiene límites, si no es liberal es ultra conservador y moralista. Hay otros que quieren casarse al tiro o de lo contrario no quieren comprometerse nunca. Los hay ultra celosos, o súper relajados, buenos para el copete o abstemios totales que ven con mala cara si quieres disfrutar de una copa de vino, por más mínima que sea. Están los fumadores arrepentidos que no toleran ni el olor a pucho, los flojos que hay que mantenerlos o los trabajólicos que no paran nunca. Y no tienen puntos medios, son así de extremistas. Hombres cacho.
Tengo amigas que han padecido con uno o varios de estos especímenes. Por ejemplo, una de ellas carga en su lista con dos ex uniformados. Yo, queridas mías, no tengo nada contra las Fuerzas Armadas, pero estos dos casos son dignos de análisis, uno peor que el otro. El primero hiper liberal, relajado, pero con un pasado del terror, el Capitán Von Tramp de la Novicia Rebelde era una alpargata al lado de este hombre. Le encantaban los bebés, tenia como ocho y quería más, ¡no! Menos mal que esta chiquilla arrancó, o a estas alturas estaría entre mamaderas y pañales como loca.
A los años después, aparece otro de estos ex uniformados. Se veía como un tipo normal, pero no todo lo que brilla es oro. Él tenía delirio de investigador privado, obsesión con los GPS consecuencia de una celopatía exacerbada. Quería saber donde estaba mi amiga todo el día, si hasta pedía que le enviará la ubicación a través del celular, o sea, confianza cero.
Otra de mis amigas, guapa, regia, se relacionó con un hombre ocho años menor que ella. ¡Uf! el sueño del pibe, para volver loca a cualquiera. Amor, sexo y lujuria, hasta que apareció la verdadera personalidad del chicoco en cuestión: no la dejaba salir con las amigas, le controlaba la plata, entre otras cosas. El era seco en la cama (eso al menos decía ella), pero un macho dominante. No se qué habrá sido de esa relación… nunca más supe de mi amiga.
Yo no sé porqué ese hombre bueno, el que pinta para buen padre, ese hombre trabajador pero no enfermo, ese buen hijo, pero no mamón, nos atrae menos que el que nos hiere, nos humilla, no nos cuida, no nos protege. Y nosotras como babosas detrás de él. ¿Será un problema de tipo neurológico que nos afecta solo a las mujeres y nos anula ciertas neuronas? ¿O será nuestra incapacidad de ver más allá y poder así anticiparnos y prever que justo ése que elegimos, será un completo desastre y nos hará sufrir como yeguas porque simplemente no es el indicado?
Yo he derramado lágrimas como tonta, en honor a la verdad, no me quedan más. Pensé, erróneamente, que después de tantas desilusiones había elegido bien, que el destino lo había puesto allí para mi, que era mi hombre perfecto, y no fue así. He vuelto a sufrir lo insufrible, me he retorcido de dolor, he llorado como bruta, y aún así he caído mil veces rendida a sus pies. Pero llega un minuto en que dices basta, este cruel sufrimiento no puede ser amor.
Chicas hay esperanza, porque lo que no te mata definitivamente te hace mil veces más fuerte. Tengo conocimiento en el tema, no te eches a morir. El hombre perfecto como tal no existe, pero ánimo, ya llegaré ese príncipe que todas esperamos, ese hombre que al menos, será casi perfecto para ti.