CARTA A MI PAPÁ
¿Papito, Cómo va tu vida en el cielo?
Me imagino que es un lugar lindo, sin dolores, sin problemas, debe ser un lugar maravilloso, de mucha paz y felicidad. Así lo creo. Y me imagino que debes estar tranquilo y feliz.
No sé si te acordaras de nosotros, porque quizás cuando uno se va se olvida de lo terrenal, pero si no es así debes estar muy triste, pero no tengas pena, acá estamos avanzando… un día a la vez. Ha sido muy difícil no tenerte con nosotros, dejaste un vacío inmenso, nos haces mucha falta Papito, nada es igual sin ti, y nadie logra llenar tu ausencia.
Te extraño muchísimo y solo me reconforta saber que estas sin dolor, sin ese sufrimiento terrible, porque no imaginas el dolor que senti todo el tiempo por no poder ayudarte. Le pedi tanto a Dios y a la Virgen que intercedieran por ti, que nos hicieran un milagro.
Tuve tantas noches de desvelo recordando nuestra vida juntos. Nuestras aventuras, nuestra familia, nuestros viajes y paseos. Tantos lindos recuerdos vienen a mi mente.
Siempre fuiste tan caballero, tan Educado, siempre olías tan bien, dejaste impregnado el olor de tu perfume en nuestro olfato, siempre tan bien vestido, preocupado de tu apariencia personal, de tener las unas perfectamente cortadas, de estar siempre afeitado, siempre con tu pelo cortito, siempre preocupado de verte bien, preocupado por tu imagen. Hasta tus últimos días te preocupaste de estar limpio, con perfume y con crema en tu carita y siempre diciendo Por favor y gracias.
Siempre te vi tan grande, tan fuerte, siempre fuiste mi roble, y cada vez que me tropecé y me caí, siempre estuviste a mi lado para alentarme, para levantarme del suelo y enseñarme que no importa cuantas veces te caigas, pero siempre hay que levantarse porque la vida sigue.
Recuerdo nuestras conversaciones, incluso recuerdo tus retos, tu voz firme y dura para hacerme saber lo que no era correcto.
Me enseñaste que el amor es siempre lo más importante, y que siempre se agarran más moscas con miel que con vinagre. Me enseñaste que una sonrisa y una linda palabra pueden mover el mundo. Me enseñaste a vivir la vida al máximo, y qué hay que vivir siempre con alegría.
¡Ay Papa! Te extraño tanto, tanto…
Como olvidar esas idas al colegio a las 7: 30 de la mañana al ritmo de Pachuco y la Cubanacan. Me enseñaste de chiquitita a no tener vergüenza y a nunca olvidar quienes somos ni de dónde venimos. Me enseñaste a ser gentil, a ser tierna y cariñosa. Me enseñaste a demostrar mis afectos y a siempre querer con el alma.
Me enseñaste a ser sobre protectora igual a cómo fuiste tú con nosotros. Recuerdo cuando jugaba hockey y me tenía que ir en bus, siempre tenía que sentarme al medio del bus, te subías al bus a pedirle a los choferes encarecidamente por mi seguridad. Me ibas a buscar a mis carretes de adolescentes y si no me encontrabas te parabas arriba del auto gritar mi nombre entre la multitud. Tantas historias Papito, tengo los recuerdos de nuestra vida juntos impregnada en la piel.
Fuiste el mejor papá para nosotros, siempre con esa ternura que te caracterizaba.
Siempre firme pero con tanto amor. Nadie podrá ocupar tu lugar nunca.
No logro entender que paso, porque te toco a ti, por que a nosotros, porque la vida fue tan cruel. Eras tan joven, tenías tanto más por vivir, tenías nietos chicos que merecían crecer contigo y poder disfrutar de tu compañía. Tenías tantos planes con mi mama, tantos viajes pendientes, tantos lugares nuevos que conocer. Y la vida no te dejo, te arrebataron de nosotros, tan rápido, con tanto sufrimiento, sin darnos tregua, sin darnos más tiempo contigo.
Solo sé y tengo la convicción que el amor que nos inculcaste ha trascendido y se ha mantenido en el tiempo. Nunca te olvidaremos Papito, tu recuerdo siempre estará con nosotros, en nuestros corazones.
Tus nietos tuvieron al mejor abuelo que les pudo tocar. El más cariñoso, el más permisivo, el más regalón, el más entregado, el mejor en todo sentido. El que los regaloneaba con todo.
Mis niños te amaban con todo su corazón.
Para la Paolita fuiste más que su tata, fuiste su papá. Me ayudaste tanto papito, me ayudaste a criarla con mucho amor. La malcriaste en todo. Le traspasaste el amor por los animales. El amor por la buena mesa y la buena vida. La consentiste en todo. Lo que tú Polín quería lo tenía, nunca tuvo un no por respuesta. No sabes la pena que me da que no llegues a verla casarse, ella quería que tú la llevaras al altar de la mano. Quería que vieras a sus hijos y los impregnaras del mismo amor del que pudimos disfrutar nosotros. Le harás tanta falta…
Mi Benja también tuvo la suerte de vivir contigo. Tuvo la suerte de comer queso derretido con pan a tu lado y disfrutar de las películas de Disney en cama los domingos, también se hizo un fanático del libro de la selva. Tuvo la suerte de que lo educaras con amor y firmeza. Le enseñaste a ser resiliente, a ser fuerte, a saber pedir perdón. Tuvo la suerte de disfrutarte y amarte. Tuvo la suerte de recibir tu amor.
Mi Cleme, ¡ay mi Cleme!, supieras cuánto ese chiquitito le pidió a Dios que te mejoraras, rezaba todas las noches pidiéndole a la Virgencita un milagro. Para la Navidad le pidió al Viejito Pascuero que estuvieras bien, que engordaras un poquito y que te mejoraras, y de regalo de cumpleaños de sus 7 años quería que tú le tuvieras la torta aunque estuvieras flaquito en tu sillita, como me decía. Recuerdo cuando te iba a visitar y se recostaba a tu lado, te abrazaba y te decía que te amaba tanto, y tú, lo veías llegar y se te iluminaba la cara, sonreías y le decías; “llegó mi guagüita regalona, chiquitita”…
No sabes cómo me duele saber que no estarás para verlo crecer. Me duele que es el más pequeño de tus nietos y le falto tanto por vivir contigo. Pero te prometo Papito que te vamos a recordar toda la vida, mi Clemente te ama, y tu recuerdo siempre estará junto a nosotros.
Eras y serás siempre el hombre más fuerte y más valiente que he conocido en mi vida. Luchaste hasta el final, sin cansancio, sin quejarte nunca, solo pidiendo que te ayudaran a mejorarte. Hiciste todo para tratar de salvarte, le pedimos a los monjes brasileños, a los monjes tibetanos, a las monjitas de Valparaíso, la sangre de Fray Andresito, te comiste las calanchoas, la cola de caballo, los ensure, y las decenas de medicamentos a diario. Té esforzaste a diario por sobrevivir, pediste más quimioterapia, aunque era sólo paliativa, pero tú estabas seguro de que te salvarías, y yo te premiaba con los helados de invierno, las sustancias y las galletas criollitas que tanto te gustaban. Tenias tantas ganas de vivir…no querías irte, no querías dejarnos solos… y nosotros no queríamos que te fueras, ha sido muy difícil todo este tiempo. Nunca nos preparamos para cuando no estuvieras. Te extrañamos a diario, y no hay día en que no estes presente en nosotros.
Ha sido tan difícil tener que despedirme de ti.
Siempre pensé que la vida nos iba a dar muchos años más juntos. Pensé que nos quedaba tanto tiempo.
Te imaginaba blanco en canas, con anteojos y con bastón llegando a almorzar los fines de semana siempre acompañado de mi mamá.
Pero la vida no quiso que fuera así.
Se nos acabó el tiempo juntos en la tierra. No tengo consuelo más que saber que nos amamos siempre y que disfrutaste la vida a mil. Tuviste todo lo que quisiste; la mejor esposa, unos hijos que te amaban con el alma y unos nietos maravillosos. Tuviste al Kuky, tu cuarto hijo como siempre decías. Tuviste a tus hermanos amados, a tus cuñados queridos, a tus sobrinos. A tus increíbles amigos. Papito pucha que te quería la gente! ¡Nos llenaste de tanto amor!!!
No merecías este final, no merecías esta enfermedad de mierda, no merecías este sufrimiento, esta agonía eterna. Luchaste día a día como un guerrero incansable. Tu fortaleza fue admirable. No te diste por vencido ni un día, y contra todo pronóstico te quedaste junto a nosotros más del tiempo que debías. No querías soltarnos. No querías irte al cielo, querías seguir con nosotros. Estuviste lleno de amor, de besos y de abrazos, y nadie se quiere ir sabiendo que lo quieren y lo necesitan tanto.
Pero no te preocupes aquí vamos a estar bien, te vamos a extrañar como locos y no te voy a mentir, porque nunca nada va a ser lo mismo sin ti. Vas a estar siempre presente porque a cada uno de nosotros nos dejaste una huella imborrable.
Papito maravilloso te amo desde siempre y para siempre, desde que nos vimos por primera vez, y te juro que te amaré toda la vida.
Estoy segura que en el cielo están de fiesta. Estoy segura de que te recibieron con los brazos abiertos, y se organizaron para hacer una gran fiesta de bienvenida, seguro ahí estaban tus amigos que partieron antes que tú, estaban mis abuelos y mis tíos esperándote, y deben haber dicho; “llegó el rey, prendan la parrilla y preparen los aperol, que suene Américo en la radio”…
Buen viaje papito de mi corazón. Fuiste un ser atómico! Fuiste el mejor!
Te amare hasta el fin de mis días, y te juro que algún día nos volveremos a encontrar.
Descansa en Paz.
Tu hija fuerte y cuatro por cuatro, como tú me decías.