¿A quién le gusta cumplir años?, me pregunto. A mí personalmente, a esta edad, que ya no soy ni muy joven ni estoy tan vieja, no sé si me gusta tanto. Antes lo pasaba chancho y esperaba con ansias ese día tan especial. ¿Ahora?… Mmm, ver como pasa el tiempo tan rápido frente a mis ojos me produce una angustia horrorosa.
Cuando éramos chicas, todo era adrenalínico. Anhelábamos que llegara esa fecha; contábamos los meses, los días, incluso las horas; esperábamos las 12 de la noche para empezar a celebrar; hacíamos una lista de regalos. ¡Era lejos lo mejor del año junto con la Navidad! Era nuestro día, miles de besos, abrazos y sorpresas.
Después, cuando fuimos creciendo soñamos con tener 15 años. Planeábamos la preciosa mega fiesta y cómo bailaríamos con el príncipe azul, vestidas de princesas, claro, junto a cientos de invitados. Obvio que al estilo hollywoodense, con brillo, full producción y si podíamos llegar el limusina cual caballo de cuentos de hadas, ¡otro nivel!
Luego quisimos tener 18, ser adultas, cumplir la mayoría de edad; poder sacar licencia de conducir, manejar un auto. ¡Y nos creíamos grandes! Pensábamos ilusamente que por tener 18 años éramos libres ya. Pero seguíamos viviendo con nuestros padres. ¿Independencia?, cero.
Luego cumplimos 21 años. A esa edad nos jurábamos las dueñas de la verdad. Podíamos entrar libremente a cualquier lugar porque éramos grandes, “¡súper adultas!”, lo que además se veía respaldado por el hecho de que muchas ya estábamos en la Universidad.
De ahí a los 25 creo que vivimos la mejor etapa de nuestras vidas, por lo que hasta ahí era maravilloso cumplir años.
Luego de eso, sin darnos cuenta ya teníamos 25, 26, 27, 28, 29 y llegamos a los 30 de sopetón. Algunas con vidas apenas encaminadas, otras con familias armadas ya, con hijos, con casa, con un trabajo estable, con mil responsabilidades y obligaciones. Y ahí, justo ahí, después de los 30 empieza la tortura de no querer cumplir años y solo seguir en los ¡¡¡veintisiempre!!!
Ya no somos veinteañeras….Ya somos adultas jóvenes, muchas llegando (si es que no pasaron ya esa barrera) a la década de los 40, edad que es un límite fatal para las mujeres, porque en teoría, somos estigmatizadas con varias “obligaciones” que deberíamos tener ok a esa edad. Por ejemplo, si no te has casado antes de los 40, o sea, ¡se te fue el tren! ¿Posibilidades de encontrar un hombre bueno, “sano”, normal, después de los 40? Esto es casi como encontrar una aguja en un pajar. A esa edad los hombres son como los baños, la mitad está ocupado y la otra mitad ya están cagados, para ser bien honestas.
También está el tema de los hijos, si no los tuviste antes, después de los 40 es peligroso, ¿¡cómo vas a ser tan irresponsable!? ¡Tan típico de los chilenos! ¿Sabían que en otros países las mujeres a los 40 recién están empezando a formar familias? Pero acá, ¡jodiste!, te quedas sola o te compras un perro o un par de gatitos.
Lo peor y no menos cierto, es que a esa edad empiezan a hacerse evidente los problemas de salud que vienen con esos años. Los bochornos, los achaques, el frio, el calor y la nunca bien ponderada menopausia, ¡y se nos vino el viejazo con tutti! Y así miles de peros más que vienen de la mano de cumplir las cuatro décadas.
Por eso a mí ya no me gustaba cumplir años, y por lo mismo hace mucho que no me celebraba. Pero este año quise hacer algo especial, quise cumplir 36 con actitud, asumida de todo lo vivido. Debo reconocer que me dio un poco de nostalgia, y es que una ese día anda con la sensibilidad a flor de piel, y al ver que te llegan tantos mensajes, llamadas, regalitos y sorpresas de muchas personas, te das cuenta que no es tan malo, ¡pues eres tan querida! Y en ese día en particular todos te lo expresan de corazón.
Que un grupo especial de amigas te haga un cumpleaños sorpresa, y me digan lo mucho que me quieren; que mi hermana que vive lejos, y que la extraño tanto, me dedique palabras que me llenan el alma; que mis padres se sientan orgullosos de tenerme como hija; y que mis niños me escriban las cartas más lindas del mundo, ¡pucha que emociona! Y una no bota un par de lágrimas, ¡llora a mares! Saber y sentir que hay gente que te quiere y te valora es una inyección de amor directo al corazón.
Y por eso, este año, después de mucho tiempo, hice una fiesta con la gente que más quiero, con la gente que amo y que me ama, y celebré el hecho de cumplir años, y di gracias. Pues hoy soy una agradecida de haber tenido la posibilidad de vivir un año más, de tener gente que me quiere y disfrutar de esta vida que se puede acabar en solo un minuto.
Chicas, la vida es hoy, es aquí y ahora. Por eso celebremos, celebremos que estamos vivas, que somos amadas, que amamos, nadie sabe que pasará mañana. No pasemos por esta vida sin ser felices día tras día, año tras año.