Quién no ha tenido alguna vez una cita a ciegas. Esas que te organizan tus amigas porque están seguras que encontraron al hombre de tu vida y una, tontamente, acepta el desafío, ese salto al vacío, donde no sabemos con qué pastel nos vamos a encontrar.
Les voy a describir brevemente en qué casos deben abortar la misión y de qué tipo de hombres hay que huir sí o sí, sin ningún tipo de cargo de conciencia.
El narcisista: Si en la primera cita te das cuenta que es un ególatra, un yo-yo, que solo le gusta hablar a él y de él, lo que es peor, sin ni siquiera mostrar un mínimo de interés por conocerte, simplemente, ¡elimínalo!
El galán: si te trata de reinita, negra, mi amor, corazón, mi princesa, es porque no se acuerda de tu nombre o es el anti-galán. Ningún hombre puede ponerte seudónimos cariñosos en la primera cita. Las princesas existen, sí, pero en los cuentos de Disney. Una no es reinita de nadie, ¡perdón! pero es enfermo de picante tratar así a una dama en la primer salida… Y negra ¡no! Una pasa horas en la peluquería para estar regia, apolínea, que los visos le queden lo más natural posible, para que llegue un pelotudo y te trate de negra así como así, o sea no, next, que pase el siguiente.
El garabatero: nada más mata pasiones que un hombre garabatero en el primer encuentro. Si nos estamos conociendo, no puede lanzarte el rosario completo de malas palabras y después decir “perdón, con mucho respeto pero yo siempre hablo así.” ¡No! Hay que mantener la compostura, o al menos fingirla si intentas que la primera impresión sea buena.
El alcohólico reprimido: nadie peor que ese. “¡Tomémonos una cosita, poh linda!” Una, que trata de ser dama y estar compuesta toda la noche, rellenando el vaso de bebida y mucho hielo para hacer durar el trago y causar una buena imagen, se topa con este pastel, que con un trago tras otro, termina más doblado que un churro. Lo peor es que al final de la noche te pide perdón porque “nunca le había pasado algo así”. O sea, cero posibilidad de volver a salir con semejante espécimen.
El enamoradizo: ese que te vio y se enamoró. Ese que con suerte sabe tu nombre, pero jura que eres el amor de su vida y te asegura que quiere casarse contigo, que tiene la casa armada y la fecha del civil tomada… ¡Arranquen!
El celópata encubierto, el winner que todo lo sabe, el filántropo, el sociable que conoce a todos y va a saludar a las otras quince mesas dejándote sola, el agrandado que pide el vino más caro para sorprenderte (como si eso nos sorprendiera), el perno que no habla, el deportista que al otro día quiere subir el Cerro San Cristóbal en bicicleta y contigo… ¡El espectro es gigantesco!
En este mundo, chicas, hay de todo y para todos los gustos, por lo que hay que ser valiente para aventurarse en una cita a ciegas. Por lo mismo, tomen todas las precauciones necesarias: envíen la localización a alguna amiga, vayan siempre en su propio auto o un taxi para que ante cualquier evento desafortunado, comentario en doble sentido que las moleste o situación incómoda por la que quieren salir arrancando, no tengan que depender del “machito” que las llevó. Y solo, solo si es absolutamente necesario, o hay paro de locomoción a nivel mundial, acepten que el galán las pase a buscar.
O mejor, simplemente desistamos de estos encuentros que rara vez han resultado, y dejemos que el amor llegue sin nosotras buscarlo. Total, a nadie le falta Dios.
Y ustedes, mujeres, ¿han tenido citas a ciegas? ¿Con cuál de estos tipos de hombres se ha encontrado?.