La amante

¿Se han puesto a pensar en ese ingrato papel que cumple “la amante”?  No es que yo defienda la posición y el hecho de serlo, pero hoy pensaba lo difícil que debe ser para una mujer tener que ser solo la segunda opción en la vida del hombre del cual se enamoró, y conformarse con eso, pues no sabe si algún día será algo más, y lo más probable es que nunca lo sea.

Pongámonos en ese lugar un minuto. Imagínense estar enamoradas de un hombre que ya no está disponible en el mercado para entablar una relación “sana y normal”. Por mucho que nos encanta, por mucho que lo amamos desesperadamente, el está simplemente PROHÍBIBO para nosotras. ¿No es desesperante esta situación?

Si pensamos solo en esa mujer (dejando de lado la otra que ocupa el lugar principal y que no tiene ninguna culpa de haber sido la elegida, por el contrario, tiene ese privilegio), el papel de la amante es injusto y hasta humillante. Claro que a veces ese rol es elegido conscientemente porque optaron por esta relación escondida.  Otras veces simplemente porque el cruel destino les jugó una mala pasada dejándolas en el lugar y momento equivocado junto al hombre errado.

La amante no tiene opción, no puede opinar, no puede exigir, no puede darse el derecho a no estar feliz. Siempre tiene que estar radiante, top, sexy, completamente depilada, perfectamente peinada, dispuesta y disponible, responder cuando se requiera diciendo a todo que sí.

¡Que pega más ingrata!  La toman por un rato y ella tiene que hacer vista gorda y fingir que todo es maravilloso, que es ultra feliz y que le encanta interpretar ese papel en la película de su vida. Yo me pregunto: “¿Qué pasa si ese día no tiene ganas de ver al sujeto en cuestión, ni mucho menos de tener un momento íntimo? ¿Qué pasa si se aburre del rol secundario y quieren ser la actriz principal?”

Todas las amantes serán errores (“un error de 9 años”, escuché una vez por ahí); todas serán producto del azar o una necesidad.

Pero ojo, que a veces los hombres aludidos también se enamoran. Lo que sucede es que ellos per se son cobardes, el miedo a perderlo “todo” es más fuerte. A los hombres les cuesta separarse, tener a otra es más fácil de lo que ustedes sospechan.

Perdónenme chiquillas, pero me encantaría creer que existe en algún lugar del universo ese macho que no ha tenido una amante, ni siquiera por horas. Creo que ese espécimen no existe. ¡Todos han tenido otra “mina”!

En fin, tratar de definir los rasgos específicos que tiene “la amante” es un poco complejo, pues las hay de todo tipo.

Están las dignas y asumidas, que saben que serán solo eso y no piden más, conformándose con lo que les dan. Ellas no se arriesgarán nunca a ser descubiertas; no nombran a la esposa y saben que esto durará el tiempo que ellas quieran.

Existen las de corazón dividido, esas mujeres que saben que no pueden optar a nada más pero de todas maneras siempre esperan más. Ellas no se conforman con ser la otra, aunque a pesar de ello, tampoco hacen escándalo ni show. Cuando están con su amado no lo quieren dejar ir, necesitan y reclaman más tiempo.

También están las rebeldes, esas que quieren que el otro se separe ahora, al tiro, ya, o se acaba la cuestión. Son exigentes las chiquillas, hacen show semanal, pero sólo al semental.

Y lamentablemente tenemos a la amante loca. Esa que no se queda tranquila hasta que no se entera todo el mundo de la infidelidad en la cual es coprotagonista. Ella hace todo lo que esté a su alcance para que la mujer, víctima o no de la infidelidad, cosa que es tema aparte, lo sepa. Hasta qué no sale publicado en el diario oficial esta cabra no se queda tranquila, llama a la casa, amenaza al amante, tiene que ser tema en radios y programas de farándula, el objetivo final es hacer vox populi la infidelidad, destrozar y embarrarle a la vida al pobre infeliz que se le ocurrió mirar para el lado. Y de esta manera, destrozar de paso a la mujer de este mal partido, contándole detalles íntimos de la relación, casi tan trastornada como para meter un pobre conejo a la olla. Atracción fatal total, les da lo mismo destruir a la familia, pero ese hombre es de ellas, o al menos eso creen. Y cuidado si el osa dejarlas, nada más terrible que una mujer herida y despechada.

Sinceramente, viendo el tema desde todos los frentes es bien complicado ser la amante. Siempre será mal mirada, será la iglesia y no la catedral,  y ese estigma no se lo sacan ni con un exorcismo. Piénselo chicas. Más si les toca vivir una situación similar. Es un rol humillante y conformista. Una siempre merece más en la vida, no podemos vivir comiendo las sobras de otra. Hay más oportunidades, sólo hay que esperarlas. Y mientras tanto, soltar aquello que nos hace tanto pero tanto daño.

Ustedes amigas, ¿se han enamorado del hombre equivocado? ¿Cómo lo superaron?