Duele

Nada es para siempre, el café se enfría, el cigarro se consume, los minutos pasan, y hasta el amor se muere. Es que no hay mal que dure 100 años, ¡ni tonta que lo aguante!

¿Qué pasa cuando te encuentras con él, ese hombre que tanto amaste, al que le diste mil oportunidades, a quien le aguantaste todo y mucho más? Ese ser que hizo lo que quiso contigo y aún así te enloqueció de amor. ¿Qué pasa con tus sentimientos, qué pasa por tu cabeza cuando lo ves caminar por la vereda de enfrente?

Solo recuerdos, miles de ellos, pero solo eso. Nunca imaginaste que sería así. Y ahí estás, con la frente en alto, sin rencor ni mucho menos dolor, porque te das cuenta, que hoy, de verdad, no sientes nada. Pensaste que era imposible, pero dejaste de amarlo. Su hora ya pasó, se farreó a la mujer que lo amó con el alma, a la que siempre estuvo a su lado, a esa tremenda partner, a esa amiga incondicional, a la mejor amante, la mejor pareja, su confidente. ‘Esa’ que finalmente se aburrió de él.

Porque aún cuando haya sido el amor más puro y más intenso que se pueda sentir, los hombres, no sé cómo, se encargan de romperlo, te destrozan una y mil veces con sus mentiras, sus omisiones, sus caídas, con sus actitudes que se encargan de perderte, de a poquito, cada día. Te secan el alma y te congelan el corazón.

El no se la jugó cuando pudo por la relación, no te valoró, no te dio el lugar que correspondía. Te falló mil veces, no supo ser lo que tu querías, lo que tu necesitabas, no te dedicó su tiempo, no te dio sus horas. Su egoísmo y sus prioridades siempre fueron más importantes que tu. Y te dolió en lo más profundo de tu ser, no sentirte amada. Y él nunca reparó en ello.

Pero todo en la vida tiene un límite, y tarde o temprano se alcanza. En algún minuto el vaso se colma, la paciencia se acaba. Y una que siempre estuvo ahí, que se mantuvo firme al pie del cañón, aguantando, esperando, justificando, cubriendo, y perdonando…por amor, finalmente se cansa.

Llega ese minuto en que ya no puedes más de tanta desilusión, y te quedas sin sentir. Sobrevives, apenas respiras, hasta que de repente despiertas de este letargo dándote cuenta que todo acabó. Ya tocaste fondo, no hay vuelta atrás, él simplemente te perdió.

Nada es lo mismo y lo más triste de todo es que nunca volverá a serlo, porque las piezas del rompecabezas de esa vida que tenían juntos, ya no encajan. Algo se quebró y no hay punto de retorno. ¡Qué sensación más extraña es darte cuenta que no importa lo que él haga hoy por ti, porque ya nada será igual!

Da lo mismo que te llene de miles de rosas rojas para una fecha especial, que te haga un cumpleaños sorpresa con todas tus amigas; no importa que te compre un collar de brillantes; ni que te repita hasta el cansancio cuánto te ama, porque eso no repara aquel dolor.

Y cuando finalmente se da cuenta, y descubre que tu lo miras de otra forma, ahí recién se arrepiente y vuelve, porque siempre vuelven… pero cuando ya es demasiado tarde, cuando has tomado la decisión de no seguir sufriendo, de darte la oportunidad de escapar de la tristeza, de liberarte de la pena, de dejar ir la amargura.

Vuelven arrepentidos cuando ya no pueden más del dolor; cuando nuestro recuerdo los atormenta; cuando no pueden parar de imaginarnos entre sus brazos, riendo a carcajadas junto a ellos como antes; regresan cuando no pueden dejar de sentir nuestro olor; cuando se dan cuenta que les hacemos falta para ser feliz; vuelven cuando nuestra ausencia les duele.

Pero hoy no pueden tenernos, ya no logran convencernos…es tarde. Ahora les toca a ellos sentir ese dolor que nos atormentó tanto tiempo, ése que tanto duele, tarde, pero que a ellos, y aunque no lo demuestren, también les duele.