Bitácora de un carrete con un hombre apretado

Chicas, a todas en la vida, queramos asumirlo o no, nos ha tocado un hombre ‘manito de guagua’, ese al que le cuesta sacar la billetera del bolsillo. Sí, existen muchos, el tema es que se manifiestan de distinta forma, lo que a veces, a simple vista, hace que sea difícil detectarlos, por lo que lamentablemente nos damos cuenta sobre la marcha, cuando ya no hay vuelta atrás y estamos enganchadas ‘hasta las patas’.

A mí me carga ese tipo de hombre, machos superficiales y egoístas. Creo que estar con un tipo así es perder el tiempo en todo sentido. Soy una convencida de que cuando un hombre te ama de verdad, quiere verte feliz, verte bien, y para ello ocupa todos los medios a su alcance para darte lo que mereces, para consentirte, más aún cuando tiene las posibilidades de hacerlo, es justo y necesario.

No concibo la idea de estar teniendo una, problemas económicos, no poder llegar a fin de mes con las cuentas y que tu pareja, aquel que dice amarte no sea capaz de brindar ayuda, más que mal, eso es parte de una relación, “en las buenas y en las malas”.

Ahora, si ese hombre ‘apretado’ con el que te topaste, no alcanzó aún a ser tu pareja, ya que lo acabas de conocer y pretendes compartir un ratito, salir a comer, estás a tiempo de librarte de el, pues para bancártelo indefinidamente hay que ser valientes chicas. Por lo mismo, les advierto con anticipación; lo siento, es mi deber evitarles un momento poco grato como el que les podría ocurrir.

El panorama es así. Te llama cual galán de teleserie y te invita a comer, o ‘tomar alguna cosita’. Una acepta, no hay nada de malo en salir con alguien. Pero desde el minuto que te subes al auto, notas que algo no está bien.

No alcanzan a llegar a la esquina, y se topan con alguien pidiendo plata. Quedas impactada con su reacción, pues a él no le basta con subir el vidrio, poner evidentemente los cerrojos a las puertas, decirle que no, sino que se pone más encima a pelar con el pobre mendigo, a gritarle, haciéndole señas con ‘el dedo garabatero’. ¡¿Cómo no es capaz de soltarle 100 pesos, tan avaro resultó ser?! No se trata de regalar la plata, pero convengamos que una moneda no nos hará ni más ricos ni más pobres. En fin, así empezó la cita.

Ya de camino en el auto, el ni siquiera inmutado por el acontecimiento sucedido, te propone elegir el lugar adonde ir… el tema es que te da ¡dos alternativas, nada más! Y resulta que casualmente, ninguna de las dos opciones es de mantel largo, todo lo contrario, destacan por las 3b (bueno, bonito y barato). Yo no tengo nada contra eso, pero ¿en la primera cita, o en la segunda, tercera, es decir siempre? Es desgastador.

Bueno, pero en definitiva si te pasó eso, pégate con una piedra en el pecho, porque ‘su’ alternativa era ir a un bar, y no el de moda, sino el que sabe que se acomoda al interés de cuidar su bolsillo. Lo peor es que llega y pregunta muy suelto de cuerpo, “¿cuál es la promo de hoy?, ¿aún estamos en happy hour?, ¿dos por uno?” ¡Valor! Qué ‘plancha’ más grandeEl problema mayor es que si no aplica ninguna ‘promo’ el lugar, se amurra…o sea, ¡del terror! Enfermo de amarrete, y tacaño. Y hay que bancarse toda la noche la cara del pastel sufrido porque nosotras (ojo, que siempre es culpa de nosotras), nos demoramos un poquito en salir y por eso perdió el happy hour.

Bueno, igual nos ilusionamos un poco porque se le ocurrió pedir algo para comer. Ya habíamos pensado que el bebestible iba a ser lo único que veríamos en esa mesa. En fin, pide unas quesadillas, o unas papas fritas aderezadas con algo, y cuando el rajazo es máximo, o están recién pagados, una tabla, pero la pequeña, “para dos nos alcanza demás, yo no tengo hambre”, justifica. Pero con suerte alcanzas a agarrar unos quesitos o unas alitas de pollo, porque él en dos minutos arrasó con todo, cual Chavo del 8… ¡Plop y replop!, y una queda ahí, muerta de hambre, y sin nada que hacer.

Además, ¿se han dado cuenta que nunca, pero nunca tienen cigarros? Siempre se les quedan, o se fumaron el último, y para mala suerte de nosotras, en el local no venden. Entonces el anti galán termina fumándose nuestros cigarrillos (más encima fuma como loco), y a las diez de la noche nos quedamos sin cigarros, por lo que el muy patúo, se pone a pedir a las mesas de los lados. Es para morirse de la vergüenza, ¡¡¡trágame tierra!!!

Llega la cuenta. Estás con sentimientos encontrados, uno de alivio, ya que esta noche tortuosa está a punto de llegar a su fin, pero por otro lado, no quieres ser testigo de la escenita que se avecina. “¿Y si me voy al baño, y me escapo por una de sus ventanas? ¡No! Dejé la chaqueta en el auto y éste capaz que la revenda”. En fin. Ahí no más te quedas, digna. El se pone a revisar punto por punto, y le pregunta al garzón por cada cosa que figura en la boleta. Eso si tienes suerte, porque hay otros que sin ningún remordimiento te piden dividirla, y al ver tu cara de impacto, te dice “es broma, jajaja, caíste”. Juran que una es ‘weona’. Pero si pasaba, pasaba. Sigamos, la propina ahora. A mi me lo enseñaron desde chiquitita: 10% de propina es lo mínimo, pero ¿sacar calculadora y las monedas de 10 pesos para dejar exacto, exacto, sin nada de más? Dan ganas de matarlo, ¡¡¡cómo tan miserable!!!

Y así, después de haber sufrido toda la noche, llega la hora de pagarle al cuidador de autos. ¡Chicas, otro show! Siempre es mucho, y comienza el discurso despotricando sin parar: “ah nooo, ¿cómo va a ser ese monto?, a mi me cobran eso mismo por estar todo el día estacionado cerca de mi oficina”; ”la Municipalidad se está haciendo rica con los cobros que hace, ¡son unos frescos!”.  Y así un rosario al pobre tipo que solo cobra lo que le dice la maquinita y que no tiene culpa de nada, pues es su trabajo. Ho-rro-ro-so.

Gracias a Dios la noche terminó. Nos metemos en su auto, al que por cierto ya no le queda bencina, y nosotras rogando para no quedar en panne, y no ser testigos de otro escándalo, ahora por el valor de la bencina, y los políticos ‘haciéndose la América’ con los impuestos, etc. Pero por suerte alcanza a dejarnos en nuestra casa y el avaro se va.

Agradecemos la velada ‘tan encantadora’, como señoritas que somos, y luego damos gracias a los ángeles y a todos los santos por no tener que lidiar a diario con un mezquino así.

Yo no aguanto los hombres ‘mano de guagua’, prefiero decir “next”…veremos que nos toca después, ¡¡¡pero un cagado, no!!!