Hay que aprender a aceptar la muerte como algo que forma parte de la vida, pero ¡pucha que es difícil! El destino te quita a un ser querido, de pronto, sin prepararte para el dolor que provocará, sin medir consecuencias, porque en definitiva, así es la vida, es el hoy y el ahora, y no hay más.
Un gran amigo mío, con lágrimas en sus ojos y un dolor desgarrador que le destrozaba el alma, porque había perdido a SU gran amigo, dijo: “La peor prueba de fe, es la pérdida de un ser querido. Hoy la muerte me arrebató a mi compadre sin ninguna piedad, ni aviso”… Esta fue su forma de enfrentar la pena, con un mensaje de dolor, de profundo dolor, por un amigo que partió.
Hay miles de visiones sobre lo que significa la muerte y lo que implica perder a un ser amado. Hay algunos que creen que es una prueba que manda Dios para validar la fe que tenemos en Él. Otros dicen que el de arriba se lleva primero a los más buenos, porque ya habían cumplido su tarea en la tierra y debían partir. Otros se resignan pensando que el Señor solo le envía cruces a quien es lo suficientemente fuerte para soportarlas.
Los musulmanes creen que la vida en la tierra es una preparación para lo posterior. La creencia islámica es que Alá resucitará físicamente a los muertos en el día del Juicio Final, para que se les permita la entrada al paraíso o para ser enviados al infierno, según hayan actuado en sus vidas.
Para los católicos y cristianos tener un poco de consuelo resulta más fácil, porque creen que Dios los mandó a buscar para llevarlos al paraíso eterno, donde Lázaro y los ángeles lo recibirán; y donde finalmente se encontrarán con los seres amados que ya han partido.
Para los católicos particularmente, la muerte forma parte de la vida. Parten de la premisa que Jesús dio su vida por ellos para que todos tengan una vida eterna. Luego resucitó y por ello, cada uno resucitará en Él. Los cristianos por su parte, saben que nada acaba con la muerte, pues cuando fallece una persona que queremos, nuestro amor hacia ella permanece intacto y, aunque pasen los años, el amor seguirá estando ahí.
El judaísmo considera que el espíritu, aliento, alma del ser humano -Rúaj- se va con Dios, que fue quien lo creó; mientras que el cuerpo se convierte en polvo y retorna a la tierra, de donde salió.
Para los que creen en la reencarnación su consuelo máximo es saber que volverán a este mundo. Se reencarnarán en otro cuerpo, con otra mente, pero mismo alma, para encontrarse con quienes hoy los rodean, porque éstas personas son las mismas vida tras vida, quien fue tu esposo, en la siguiente vida podrá ser un hijo o un hermano.
Ahora, independiente de la religión a la que pertenezca uno, o las creencias que tengamos, enfrentarnos a la muerte es desgarrador e inexplicable, ¡y pucha que se sufre!
Cuando un ser querido fallece la gente trata de entregar algún tipo de consuelo, dar palabras de aliento. Yo creo que nada de eso sirve, pues nada quita la pena. Para mí la muerte es eso, un término, un fin, un gran dolor. Para mí es simplemente morir, no ver más a esa persona que queríamos y tener que conformarnos con los lindos recuerdos que nos dejó.
Soy católica a mi manera, pero definitivamente hay cosas muy injustas, como ver partir a un amigo, joven, lleno de vida, que deja a una mujer increíble, con tres niños. Eso destroza hasta al más gélido ser humano. La muerte de esta forma, no tiene justificación, no la acepto, no la entiendo.
Sí, se aprenderá a vivir con el dolor, pero no estoy preparada para eso. Creo que es algo demasiado fuerte, increíblemente duro, y salir estoica frente a una situación así, para mí resulta imposible. Lo siento, soy sensible, soy apegada a mis afectos, y sufro muchísimo cuando se va alguien que ha sido parte de mi vida.
Por lo mismo quiero mantenerme fiel a mis creencias de que solo se muere alguien cuando de verdad dejas de recordarlo. Y eso conmigo al menos no pasará, porque tengo en mi mente y en mi corazón a cada uno de los que han partido, y los tendré por siempre en mi memoria, estén donde estén.
PD: En memoria de Alex Frings, un amigo que ya partió. ¡Vuela alto! Estés donde estés, te recordaremos siempre…