¿Por qué cuesta tanto ser feliz? ¿Por qué nos atamos a cosas imposibles, y no somos lo suficientemente valientes para dar vuelta la página y decir: “¡Basta!, este trabajo, esta relación, esta vida, esta amistad no la merezco”? ¿Por qué nos aferramos a situaciones que nos hacen más mal que bien? Tenemos que ser capaces de enfrentar ese cambio y decir: “¡Yo lo valgo, lo necesito, está en mi destino darme una nueva oportunidad!”
Muchas de nosotras nos volvemos adictas al drama, esclavas del sufrimiento, prisioneras del dolor. Tendemos a “estirar el chicle”, a tensar el elástico hasta romperlo, porque no creemos que somos fuertes y que podemos luchar mil batallas y guerras incluso; porque quizá tememos salir malheridas y no ser capaces de librarnos del dolor. A mí me pasa que en varias situaciones me siento perdida, sin saber qué hacer. Me quedo paralizada, inmóvil, sin ser capaz de reaccionar. Y me siento tonta.
Pero eso es solo miedo. Y lo sentimos porque las mujeres oponemos resistencia a la idea de que en algún lugar encontraremos ese camino que nos hará entender que es necesario un cambio, que es imprescindible atrevernos, darnos esa oportunidad, convencernos de que podemos. Pero, ¡¿por qué cresta nos cuenta tanto?! Tenemos ataduras imaginarias que nos petrifican, y succionan nuestras fuerzas.
Lo único que necesitamos es un poco de voluntad, y un gran poder de decisión. Podemos salir adelante en todo lo que nos proponemos, porque, a pesar de lo que digan, las mujeres somos el sexo fuerte, y sí somos capaces. Entonces no tenemos que quedarnos estancadas en la cobardía, en la desesperanza, en el no “creernos el cuento”. Podemos escapar, podemos liberarnos.
La vida es tan corta, es aquí y ahora. Tenemos que ser conscientes que ésta es nuestra oportunidad de liberar esos demonios imaginarios que nos tienen presas, convertidas en sus esclavas; que nos inhabilitan a dar ese paso tan grande para buscar un nuevo empleo, un trabajo que nos llene de gratificación, que nos entregue un buen entorno laboral; atrevernos a buscar una nueva pareja si es que no somos felices, porque chicas, el amor, el matrimonio no es eterno; la rutina, los sufrimientos van desgastando también una relación. ¿O por qué seguir envueltas en malas amistades, con personas que no aportan nada a nuestras vidas, y solo nos quitan energías, y nos llenan de malas vibras? Los amigos se eligen y no estamos obligados a seguir al lado de ellos si no corresponden nuestro cariño, tiempo y dedicación. Eso también lo podemos cambiar, y optar así por estar rodeada de gente que realmente nos merezca.
Ahora es cuando podemos; ahora es cuando debemos.
No nos conformemos con lo que “nos tocó”, o con lo que en algún minuto elegimos, aunque antes nos haya hecho felices.
Tal vez sentirás que te estás volviendo loca, que el dolor se ha ensañado con tu vida. Pero espera, sé paciente. Todo llega si está predestinado. Y cuando lo haga, te darás cuenta que sí existía una nueva oportunidad de ser feliz, que sí habían salidas.
Derribemos nuestros karmas, nuestras malditas culpas y atrevámonos. Todas merecemos esa felicidad que a veces se torna tan esquiva, pero que, ¡existe!