¿Has sentido culpa alguna vez? Yo sí, y es horrible. Según algunos libros de inteligencia emocional y autoayuda, el sentimiento de culpa es una de las emociones más destructivas que hay, y la mayoría en algún minuto de nuestras vidas, llegamos a experimentarla por algo que hemos hecho, o que no hemos sido capaces de hacer. Liberarnos de ella es algo muy difícil de lograr, pero no imposible. Hay que partir de la base de que debemos perdonarnos para así poder soltar de a poco esas amarras, y dejar ir a ese sentimiento tan brutal.
¿Qué es lo que nos hace sentir culpables y por qué tiene ese efecto sobre nosotras? Cuando alguien nos pide algo que no queremos, o no podemos hacer, o cuando hacemos, decimos, o actuamos de determinada forma que va en contra de quienes somos y de lo que deseamos de corazón, aparece este terrible sentimiento.
La culpa nos agobia y a veces nos persigue a diario y no nos deja vivir en paz; nos genera una pena indescriptible, y más si somos nosotras las causantes de esa situación que provocó dolor y tristeza en otras personas. Ahí la culpa crece, te atormenta, te persigue, te bloquea, te anula, te ciega y te angustia. No ves salida, ni salvación; no ves remedio alguno, por mucho arrepentimiento que sientas, ya que la culpa, la maldita culpa te lo recuerda a cada instante.
Algunos dicen que el “gusto” por sentirnos culpables pudo haberse originado en la infancia, especialmente si tuvimos padres que hacían que nos sintiéramos culpables por cada falta -por muy pequeña que ésta fuera-, como sacarnos una mala nota, pelear con nuestros hermanos, no comer la comida, enojarnos con un amigo, no saludar a los invitados, no pedir bien las cosas, y miles de cosas más. Todo eso, a la larga, lo único que provocaría es que viviéramos pidiendo perdón, disculpas; sintiéndonos pésimo por cada error o equivocación.
Porque todas sentimos culpas, y por distintas cosas. Yo me declaro culposa, exageradamente culposa, y por más que trate no puedo evitarlo.
Me siento culpable cuando no le dedico mucho tiempo a mis hijos, ya sea por tener que trabajar, o por otras razones. Eso me produce un sentimiento feroz. Me siento la peor madre del mundo, que pone a sus hijos en segundo lugar, siendo que en realidad, ellos son el motor de mi vida.
Siento culpa cuando no le dedico tiempo a mi familia o a mis amigas, ¡me siento tan mal! Es como que no les estuviera retribuyendo todo el amor, cariño y dedicación que me entregan. La angustia me supera.
Siento culpa cuando pienso primero en mí y en mi felicidad, o en mi satisfacción personal y después en el resto. Por ejemplo, viajar sola, comprarme algo, regalarme cosas, hacer lo que me gusta. Ahí me siento egoísta, narcisista, ególatra, mala. ¡No puedo con eso!
Siento culpa por haberme separado, aún cuando creo que fue una decisión absolutamente racional y adulta, pensada e hiper pensada, en pro de mi propio bienestar, el de mis hijos, y el de mi ex marido. Pero igual siento culpa. Porque al haber tomado yo la decisión, la gente piensa que destruí una familia, que dejé a mis pequeños sin un padre presente, un padre que disfrutara una cotidianeidad 24/7 con sus hijos. Por todo eso también siento culpa.
Siento culpa por haberme enamorado de un hombre que no me correspondió como debía. Por haber confiado y haberle entregado mi vida, mi alma y mi corazón a alguien que no supo valorarlo. Siento culpa y me siento una imbécil, por no haberme dado cuenta a tiempo que ese amor tan grande, me generaría tanta pena y dolor.
Me siento absolutamente culpable de haber causado sufrimiento a ciertas personas que derramaron lágrimas por mi. Y créanme, si existiera algo a mi alcance para borrar todo aquello, para aliviarles en algo el dolor, ya lo habría hecho. Si tan solo el perdón remediara su pena… pero ya no sirve, el daño ya está.
Es indudable que todas hemos cometido errores en el algún minuto de nuestra vida, la que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Todas actuamos de determinada forma y a veces, después nos arrepentimos. Acciones que desearíamos no haber hecho, decisiones que no deberíamos haber tomado, o palabras que preferiríamos no haber pronunciado.
Pero amigas, mirar hacia atrás y agrandar la culpa, solo nos producirá más dolor. En cambio, recordar los errores del pasado se volverá útil solo si aprendemos de ellos. Lo mejor es tratar como podamos de remediar el daño cometido y no seguir atormentándonos por cosas que ya pasaron.
Yo lamentablemente aún no logro liberarme de muchas culpas, pero me quedo con los miles de lindos recuerdos, y con la tranquilidad de que hice todo lo que pude para remediar el dolor que pude haberle causado a algunos; además de la calma que se genera al reconocer que siempre actué de buena fe, y que entregué la vida y el alma en algunas situaciones y por algunas personas.
Chicas, dejemos ir la culpa, cualquiera que ésta sea y por el motivo que haya sido. Llegó el minuto de finalmente soltarla.