Soy una convencida de que el amor, todo tipo de amor, se construye a diario. Nada fluye por sí solo. Para recibir cariño, hay que darlo. Y con los padres es lo mismo, no bastan los lazos de sangre –de hecho no constituyen ninguna condición imprescindible- para que el amor sea mutuo. Si el amor no se cultiva, no florece. Si uno no se esmera en ser un buen padre, o una buena madre, dedicándoles el tiempo que se merecen, amándolos, no lograremos esa conexión tan especial que debiese existir entre padres e hijos, pues padres son los que crían, no los que engendran.
Creo que tenemos una definición muy equivocada de lo que significa realmente ser padres, y especialmente ser un papá, hoy más que nunca, cuando hay tantas separaciones y muchos papás se desentienden de su labor, rol, o privilegio.
Padre es aquel que se entrega a sus hijos, el que se compromete a ser parte de la vida de ese ser humano que el mismo creó, o que buscó ver siempre crecer. Y puede que ya no vivan juntos por diferentes circunstancias de la vida, pero aún así su hijo puede contar con él.
Un buen padre es aquel que da palabras de aliento, ánimo, que orienta, que ayuda a su hijo a nunca darse por vencido, levantándolo si es necesario para que siga buscando lo mejor de sí. Es el que te apoya incondicionalmente, cualquiera sean tus decisiones.
Es ese hombre que admiras, ese papa que ríe contigo, pero que también llora contigo y por ti. El que te ha visto crecer, que ha sido parte de tu vida, enseñándote lo bueno y lo malo, y que a pesar que el mundo te de la espalda, nunca te abandonará.
Un padre es quien sabe que tenerte como hijo es su privilegio, el mejor regalo que la vida pudo darle, y por lo mismo haría cualquier sacrificio, por más grande que fuese, por verte feliz. Ése es un verdadero padre.
Si tienes la suerte de tener uno –que puede que no te haya dado la vida- pero sí lo mejor que pudo regalarte A TI, TU vida, siéntete afortunado, porque no todos gozan de la misma suerte.
Y si eres padre, o madre, recuerda siempre que el amor es descendente… eres tú el adulto que tiene que guiar a sus hijos, enseñarles la importancia del cariño, del amor incondicional, porque -y gracias a tu ejemplo-, él aprenderá lo importante que es este vínculo en la vida de cualquier persona. Que no te pase encontrarte con un hijo que creció de golpe, y para el que no estuviste nunca. Pues ahí es cuando te preguntarás qué fue lo que lo cambió, por qué de repente es tan ingrato y no siente esa necesidad de estar a tu lado, de compartir contigo, de decirte cuánto te quiere… si tú finalmente nunca lo hiciste con él.
No olvides nunca que un buen padre es el que cría, el que da valores, el que siempre está… no el que solamente engendra y que por ello siente que el trabajo ya está hecho, así sin más.