Un tatuaje de amor

Una apuesta por cosas para toda la vida, porque en algún minuto cree que serán para siempre, y después se das cuenta que no era así. Y tal como los tatuajes que no se pueden revertir, hay penas, hay corazones que no se pueden reparar. Y quedas con esa marca para siempre.

Los tatuajes con el transcurso de los años han pasado de ser una moda pasajera a convertirse en una señal de identidad, de pertenencia a una generación, a un grupo de amigos, y hasta en una muestra de amor. Por eso muchas personas o parejas inmortalizan su pasión en un dibujo, una frase, una palabra, un poema, un signo, incluso en personajes por los que comparten su gusto.

Está lleno de parejas que eligen un diseño en conjunto. De hecho, no basta con que uno de los dos se tatúe, sino que es necesario contar con la complicidad de ambos, ese compañero que será la única persona que pueda entender tal acto de amor, un acto que quizás uno comete a ciegas, creyendo que esa relación será eterna y que el amor durará para siempre.

¿Pero, qué pasa cuando la relación se acaba, cuándo la amistad se termina, cuándo ya no queremos tener esa marca de algo que un día nos hizo tan felices, pero que hoy solo nos causa dolor? ¿Cómo olvidamos la razón por la cual lo plasmamos en nuestro cuerpo?

Al tomar una decisión en tu vida, cualquiera que ésta sea, pero sobre todo si de amor se trata, debes pensar que puede que termine con todos felices comiendo perdices o puede que sencillamente no funcione, y termine con cada uno yéndose por su lado. El tema es que si durante ese proceso de amor inconmensurable, eres capaz de plasmar en tu cuerpo, a través de un tatuaje, una muestra de amor eterno, debes asumir el riesgo, especialmente luego del punto final. Y en tal caso reconocer que quizás te equivocaste (o no), y que llevarás por siempre esa “cicatriz”.

Hay muchos que no obstante terminan “borrándose” esa parte de su historia que había quedado escrita con tinta en la piel; otros lo disimulan con un nuevo dibujo, etc. Pero lo que ellos no se dan cuenta, es que hagan lo que hagan, no borrarán lo que significó en algún minuto, el por qué se lo tatuaron, o para quién; y que, a pesar de lo que hagan, eso no volverá a pegar los trozos de sus corazones rotos, ni les hará volver a ser los mismos, pues nada conseguirá que olviden lo que vivieron.

Yo me hice una marca para toda la vida. Yo aposté, me atreví, sin saber que me depararía el futuro. Yo me tatué un poema por amor, porque creí que era tan grande lo que sentía por él, que quería llevar tatuado mi sentimiento hasta el fin de mis días. También me tatué junto a un grupo de amigas un signo de lealtad, una estrella. Y a pesar de que de todas esas personas solo me queden recuerdos, yo no me borré ninguno de los dos tatuajes. El que me hice por amor a un hombre sigue tal cual, y seguirá ahí, aunque cada vez que lo vea, lo único que me produzca sea pena. Y el que me hice por amistad lo transformé, convirtiéndolo en un sol que me llena de luz y me ilumina.

Tal vez sí, me equivoqué, aposté por algo que creí sería eterno y no lo fue. Pero estos tatuajes quedarán para siempre en mi piel como un reflejo de la marca que llevo en mi corazón.

Amigas, les puedo aconsejar que si les gustan los tatuajes, no dejen de hacérselos. Eso sí, traten de pensar siempre en algo de lo que nunca se arrepentirían, como las iniciales de sus hijos, una figura o dibujo que represente algo importante para ustedes mismas, un signo que las identifique, pues esa marca que dejarán en su piel será eterna.