Definitivamente para mí, ¡el viejo pascuero no existe!

Me puse a pensar qué podía pedirle a Santa Claus para esta Navidad, y la verdad es que la lista eran tan grande que no supe por donde empezar. Pero luego recordé lo que pasó el año pasado… y finalmente desistí de solicitar algo.

Y es que el recordar mi carta del año anterior, solo me produce rabia. Aquella fue una noche muy triste, pues el muy yeguo no me trajo nada de lo que le pedí. Es más, no me trajo ¡¡¡nada de nada!!!

Fui enfática, clara y directa en mis pedidos; le di opciones varias por si no encontraba lo que yo quería recibir. Pero él, se hizo el loco y no cargó en su trineo ni un mísero obsequio para mí. Chicas, ¡nada!

Le pedí paz y amor en el mundo, y este año estuvo lleno de catástrofes personales y mundiales: guerras, muertes de inocentes, desastres, etc.; o sea, caso omiso a mi petición.

Por otra parte, le pedí que si no encontraba un hombre fuerte, grande, generoso, noble, amoroso, guapísimo; dulce como él solo, que me quisiera, me contuviera, que tirara como los Dioses, un adonis moderno, ok, lo entendería, sería capaz de comprender que no fuese posible lograr mi tan anhelado regalo, pues soy consciente que escasean ese tipo de machos. Pero le di una solución para que no tuviera que pensar por sí mismo. Entonces, que no se desesperara y que a cambio, me regalara un buen consolador, unas bolitas chinas y algún tipo de jueguito erótico, o algo así, para sustituir en algo mi regalo principal… Pero el muy desgraciado se metió mi carta por… (perdón, al bolsillo). ¡Y nada para la pobre Fabiola! (He llegado a pensar que ni siquiera la leyó… ¡y con lo bien portada que soy yo!).Y pienso eso, puesto que no solo ignoró completamente en mis anhelos, sino que más encima me castigó trayéndome un año de mierda.

Este año descubrí que las princesas son todas unas boludas; que el príncipe azul NO EXISTE, que efectivamente son puros inventos de Disney para hacernos creer que algún día ese ser de la imaginación nos rescatará, para llevarnos a vivir a un castillo, y vivir así felices y contentas por siempre. ¡Puras mentiras!

Descubrí también que no hay ningún conejo que regala huevos de Pascua, porque somos nosotras las que los compramos y los escondemos, pues ni para eso sirven los hombres. Es más, ¡algunos ni siquiera tienen huevos!

Y lo más terrible de todo es que desenmascaré al Viejo Pascuero ese… De hecho, si existe, es un hombre común y corriente, y como hombre que es, ¡es un desastre! Que promete, promete, promete… y nunca cumple. Sí chicas, lamento decírselos, pero son los ellos los que compran los regalos, si es que los compran y cuando se acuerdan de hacerlo. Mi decepción fue terrible, otro cuento más. ¡Qué manera de haber crecido engañada!

Así que este año no hice carta, ni ninguna lista; no pedí nada, menos ofrecí algo a cambio. ¡Nooo! Solo esperaré lo que me quieran regalar mis papás, o mis hijos. Porque el Viejo Pascuero definitivamente no existe. Y si es real… que se vaya a la punta del cerro, porque ese viejujo, ¡no cumple con nada!

Solo me queda desearles queridas amigas… ¡Feliz Navidad! Y si quieren ser felices, no esperen milagros, solo confórmense con vivir una linda noche rodeada de paz y amor, que es lo fundamental. ¡Un abrazo a todas!