Aquella que no haya sufrido ansiedad alguna vez en la vida, que tire la primera piedra. ¡Qué sensación más desagradable vivir ansiosa! ¡Qué desesperación es no poder controlar nuestros impulsos, y sentir esa angustia que creemos nos matará por dentro, pues no sabemos como controlar!
La ansiedad aparece y te hace sentir indefensa, te bloquea anímicamente. Y muchas veces no te das ni cuenta que simplemente es un síntoma de estrés, un indicio de que estás viviendo sin descanso, como si fuera una carrera contra el tiempo, porque estás tan ocupada tratando de ser exitosa, productiva y de demostrarle a los demás que eres digna de ser amada, que no te das tiempo de sentir, de analizar lo que vives en tu interior, y eso te pasa la cuenta.
La ansiedad así se expresa como un aviso para sacar el pie del acelerador, para descubrir qué es lo que está fallando en tu vida y no te permite ser feliz. Y se traduce en un dolor de cabeza repentino, o en insomnio, o cuando sin razón aparente te pones a llorar. Y aún así no lo entiendes. Y lo peor de todo, ¡sigues con las mismas revoluciones!
Entonces la muy maldita ataca más fuerte; te tiembla el ojo, se te tapan los oídos, te transpiran las manos, se te oprime el pecho, te falta el aire y sientes solo ganas de llorar. Y comienzan las crisis de angustia, a través de las cuales tu cuerpo está pidiendo a gritos que pares, que te detengas.
¿Cómo evadimos, escapamos o eliminamos a esta enemiga que llegó de visita, sin ser invitada? Hay distintas maneras.
Una es ir a un especialista para que nos llene de pastillas que solo lograrán apaciguar los síntomas. Quedaremos relajadas, se acabará el nerviosismo por un rato, y estaremos atontadas por varias horas del día. Pero esa no es una solución definitiva, es solo un parche momentáneo.
La otra es buscar una salida sana a través del deporte: ir al gimnasio, convertirnos en runners, hacer trekking o Trx. La idea es sudar la gota gorda, liberar tanta energía como sea posible. Pero pasadas las horas, la ansiedad aparecerá de nuevo.
Podemos ver televisión, juntarnos con amigas, ir a happy hours a compartir nuestras tragedias, o sencillamente trabajar horas extras. Todo esto para evadirnos, ocuparnos, pero ocuparnos de actividades y no de razones. Porque si fuésemos capaces de prestar atención a las razones descubriríamos que la ansiedad está en nuestras vidas porque simplemente nuestras vidas no nos gustan, y que esa es la realidad que tanto nos cuesta enfrentar.
Entonces sabríamos que la única forma de eliminarla de manera definitiva es evolucionando, creando cambios dentro de nosotras mismas, y cambios en nuestro entorno; deshaciéndonos de todo lo que no nos deja sentirnos plenas, alejándonos de todo lo que nos impide disfrutar las cosas simples de la vida.
Chicas, no nos demos por vencidas. ¿Queremos acaso ser esclavas de un fármaco toda nuestra vida, para no sufrir esa angustia que nos carcome por dentro? ¡No, ese no es el camino!
Mírate al espejo, analízate. No debes vivir de acuerdo a las expectativas del resto. No tienes que seguir buscando la aprobación y aceptación de los demás, haciendo hasta lo imposible por agradarles, o buscando seguridad en ellos. Claro, es más fácil que los demás sean siempre los responsables, que decidan por ti. Pero de esa manera vivirás siendo “un gomero” en tu propio hogar, siendo solo una espectadora de tu propio destino. ¡No naciste para eso!
Sé que es difícil tratar de salir adelante. Yo he estado en ese hoyo que parece no tener fondo, y sé lo que cuesta salir, pero ¡se puede! Y se logra simplemente siendo valientes, siendo capaces de asumir y remediar nuestros errores, perdonando y soltando el dolor. Y sí, también aprendiendo a ser un poco egoístas. Primero nosotras, y luego el mundo. Eso nos ayudará a perder el miedo al rechazo o al abandono de los demás. Solo de esa manera nos valoraremos.
Nadie debe mendigar amor, porque todas somos seres “amables”, es decir, dignas de ser amadas. Somos mujeres maravillosas, que podemos y debemos ser felices por nosotras mismas, pues no necesitamos a nadie para lograr nuestros objetivos y metas. ¡Tu también puedes!