Cuando hablo de inteligencia, no solo me refiero a la intelectual, sino y por sobre todo a la emocional, parte fundamental del ser humano. Pero seamos honestas, los hombres (no todos, pero muchos de ellos), la tienen en un mínimo porcentaje, o directamente carecen de ella.
Y entonces me pregunto, ¿por qué hay tanta diferencia entre hombres y mujeres en ese sentido? Nosotras somos valientes, aperradas, voluntariosas. Tenemos completa y absoluta claridad de lo que queremos para nuestra vida, y quizá es por eso mismo que nos cuesta tanto entender al género masculino. Claro que siempre hay féminas que son la excepción a la regla y nos hacen quedar a todas como pelotudas, pero ese es otro tema.
Perdónenme chicos, pero no hay nada que me moleste más que un hombre sin cojones, un cobarde incapaz de tomar decisiones; un hombre que se escuda tras cualquier pretexto barato para no tomar una decisión, al punto tal que es capaz de inmolarse de por vida, sacrificar su felicidad por ello.
Tampoco soporto la flojera. No me importa si el sujeto en cuestión tuvo la suerte de nacer con la marraqueta bajo el brazo, eso no justifica rascárselas todo el día. ¡Un poquito de amor propio por favor! No estoy pidiendo que sea trabajólico, pero al menos que haga algo. No podría tolerar estar con un hombre que se levante, se lave los dientes y quede desocupado. Aún cuando sea trillonario, no hay nada peor que ver vegetar a un hombre al lado de una. Eso puede llegar a matar cualquier pasión y terminar una relación. ¡No se puede amar sin admiración!
Y los pelotudos… esos que todo lo saben (cuando en el fondo no saben nada), ¡me cargan! Esos que siempre caen mal en todas partes y que no sociabilizan con nadie. O por el contrario, son sociales en extremo y amigos, amiguísimos de todos. Pero no me malentiendan, me gusta que el hombre sea simpático, me encantan los hombres amistosos, pero los “florero de mesa”… ¡no!
Amigas, ya lo sé. Es difícil encontrar a nuestra media naranja, y con el tiempo nos vamos poniendo cada vez más exigentes, más exquisitas, y pretendemos un adonis casi perfecto. Pero no soy ilusa. Sé a ciencia cierta que los hombres ideales y perfectos no son reales. Sino, no sería tan complejo elegir una pareja.
Lo importante es saber de antemano qué es lo que NO queremos. Y mi lista está clarita. Pues la verdad que aguantar a un hombre que no es inteligente puede ser una verdadera tortura. Entonces, ¿para qué sufrir? Frente a eso, mejor no tener pareja, al menos es lo que pienso yo, y mi soltería lo confirma.