Si a Cenicienta un par de zapatos le cambió la vida, ¿qué hay de nosotras?

La gran adicción que sufrimos todas las mujeres por igual, tiene nombre y apellido: nuestra obsesión por los zapatos. Nunca son suficientes, siempre nos falta un modelo, un color, o alguno con determinado tipo de taco. Somos zapatólicas, y no nos importa cuán lejos quede el lugar donde los venden, ni el precio que hay que pagar por ellos… si los queremos ¡los tendremos!

Imeldífico es un término que significa ostentosidad; palabra con que identifican y denominan a aquellas mujeres que les gusta ostentar a través del glamour y la extravagancia; aquellas mujeres que tienen por filosofía de vida: “antes muerta que sencilla”. ¿Qué tiene que ver esto con los zapatos?, se preguntarán ustedes. ¡Mucho! La famosa palabrita fue creada en honor a Imelda Marcos, una polémica filipina, ícono de su país en los años 60-70, que, casada con el dictador Ferdinand Marcos, que se obsesionó con los zapatos para lucir bien, al punto de tener miles de ellos en su inmenso clóset (llegó a 1.060 pares para ser más precisas). Por ello fue duramente criticada en aquella época. Pero hoy, ¿quién no quisiera ser Imelda Marcos?

Yo debo reconocerlo, muero por los zapatos, ¡son mi debilidad! Puedo andar en pelotas, pero mis zapatos deben ser top. ¿Cuántos tengo? Sinceramente no los he contado porque me da pudor. Lo que sí puedo decirles, es que mis amigas disfrutan mirándolos. No obstante siempre hay uno nuevo que me cautiva, que me atrae y me hace caer en tentación.

Y es que los zapatos nos hacen felices. ¡Sí! Salir de una tienda con un par nuevo es casi como un orgasmo (y si además estaba con descuento, ¡uf!, esa sensación es indescriptible). Incluso muchas prefieren prefieren zapatos nuevos antes que un encuentro romántico. Porque esa compra es seguridad absoluta de placer (no así la cita).

Para algunas los zapatos son sinónimo de elegancia. No les importa si son italianos o americanos, solo que sean finos, y por eso ¡los aman! Para otras de comodidad; otras los aman por moda; y para algunas son simplemente una debildad.

¡Y ni hablar si tienen taco! Sí, los benditos y maravillosos tacos. Yo los amo. Y es que hay muchas razones para adorar un buen taco: nos hace parecer más altas. Digámoslo, las chilenas, altas, no somos; la gran mayoría tenemos una estatura promedio de 1.60 metro (o menos incluso), entonces vernos más altas es un sueño. Además con taco lucimos más estilizadas, o sea ¡que mejor! Andar arriba de esos 12 centímetros demás ayuda a que nuestra postura sea más recta, y por ende caminemos mejor. Otra ventaja es que con tacos nos sentimos más guapas: razón suficiente para volverlos imprescindibles en nuestro closet. Y por último, siendo objetivas, a los hombres les gustan las mujeres que usan zapatos con taco. Sí, esos diez, 11 o 12 centímetros son capaces de seducir a cualquier hombre. ¡Comprobado! De no ser por ellos, Cenicienta no hubiera terminado en los brazos de su príncipe.

Todas las mujeres somos shoeholic (zapatolicas en español). ¡Admitámoslo! Son nuestro placer culpable (y no tan culpable también), y simplemente porque nos encantan, y nos hacen bien. Así que chicas, compren uno más sin remordimiento, pues ya hemos escuchado hasta el cansancio que en esta vida lo importante es ser feliz.