Los hombres son de “barra”, las mujeres de “líquido”

Es increíble ver la cantidad de cosas en que nos diferenciamos de los hombres. Cosas muy simples, pero que si una se pone a analizar en detalle, pueden llegar a ser una gran incompatibilidad e incluso ocasionar importantes peleas con nuestra pareja, especialmente si de gustos se trata.

Me puse a pensar el otro día en algo muy cotidiano y llegue a la conclusión que, si bien puede resultar bastante absurdo y hasta ridículo el tema, hay algo que nos dice mucho de cuán diferentes somos hombres y mujeres. Lo que llamó mi atención fue justamente que la gran mayoría de los hombres y mujeres no preferimos el mismo tipo de jabón. A ellos les gusta la barra de jabón y a nosotras, el jabón líquido.

Es como si ellos a través de la barra pudieran sentir que tienen “el poder “en sus manos (de la limpieza eso sí, pero el poder al fin). Y es que siempre quieren tener “el poder”, ser los dueños de la última palabra, decidirlo todo, los lugares donde vamos y con quién; incluso se sienten dueños absolutos de nuestras decisiones y juran que nosotras somos unas sumisas que les rendiremos pleitesía y diremos que sí a todo. Es por eso que ellos no logran rendirse ante los jabones líquidos, pues aman la “barra” de jabón.

Son felices pasándola por las axilas, el pecho, brazos, espalda, abdomen e incluso el pompis. Y si queda lleno de pelos, ¿cuál es el problema? Ellos no se afligen. ¡Qué asco chicos!, digo yo. ¿No se dan cuenta lo poco higiénico y lo chocante que puede ser para nosotras tener que usar un jabón lleno de pelos pegados? ¡¿Por qué son tan poco cuidadosos, tan poco detallistas, tan egoístas que solo les interesa su bienestar y sus gustos?! Nunca piensan en lo que le agrada al resto, no se ponen ni un minuto en el lugar de la otra persona, ¡cero empatía! Imagínense una cita, full romanticismo, y nos meternos a su baño a lavarnos las manos y el jabón…¡¡¡asqueroso!!! Porque además tienen solo uno, que va desde el lavamanos a la ducha (¡ojalá nos consideraran a nosotras “jabones”, así con una sola mujer les sería suficiente!)

Además son tan predecibles, tan rutinarios, tan poco innovadores, poco “busquillas”; de hecho siempre se quedan con lo primero (o la primera) que ven. Cualquier micro les sirve, dirían por ahí. Y en los jabones se refleja. Los brutos son capaces de lavarse con jabón de ropa, y les da lo mismo. Ellos no distinguen uno de otro, no les preocupa. Igual que con las mujeres, no eligen a su presa con detalle y detención, les da lo mismo, si les gusta el envase, ¡lo llevan! Y punto.

Nosotras somos absolutamente distintas. No usamos cualquier “jabón”. Somos capaces de estar media hora dándonos vueltas por el pasillo en el supermercado para elegir el correcto. Ese que nos distinga, que deje nuestra piel suave y olorosita. Es como cuando elegimos pareja, nos fijamos en detalles, en sus manos, en cómo huele, en cómo nos trata, si es cariñoso o no, si nos respeta, si nos cuida, si nos inspira protección. Y tal cual, en ambos casos, queremos uno (sea hombre o jabón) que nos cuide, nos de seguridad y confianza, que sea el indicado, porque lo llevaremos literalmente en nuestra piel. Además siempre para nosotras será un tema de química, que se adecúe al “PH” nuestro. ¡Que increíble que algo tan simple como un jabón nos describa tanto!

Nosotras usamos un tipo de jabón para cada parte del cuerpo, como preparándonos para cada etapa de nuestras vidas. Y al igual que nosotras, nuestros gustos van variando a medida que avanzamos. Antes las mujeres se quedaban con el hombre que “les había tocado”; lo asumían como una obligación casi, no podían separarse, ni mucho menos elegir. Hoy, todo ha cambiado. Ya no nos quedamos con el “jabón” de toda la vida, el que nos impusieron nuestras madres; ese que “conviene” porque es BBB. ¡No chicas! Hoy somos selectivas. Y no nos sacrificamos solo porque “está al alcance”; si hay que invertir un poco más, ¡a invertir se ha dicho! Porque finalmente la que se queda con el pelotudo y el jabón de barra al lado, es una.

Por eso nos damos mil vueltas para encontrar al indicado; ese que nos complete, que nos llene, que nos haga felices; y que si bien a veces tarda en llegar, siempre aparece; ese que elegimos con pinzas después de haber tratado con muchos y nos damos cuenta que ninguno era como él (igual que con el jabón); ese que para nosotras es el mejor.

Pero ojo chicos, así como con nuestro jabón, por más acostumbradas que estemos, si dejan de agradarnos, hoy no tememos desecharlos. Y es que las mujeres somos de los jabones líquidos, que aunque se escurran entre nuestros dedos, aunque dejemos ir con el agua, a pesar de que siempre nos dejen algo, si no nos gustan ya, los cambiamos. Y esa decisión es NUESTRA.