Meghan Markle le robó el corazón al príncipe Harry, un real príncipe, y no cualquiera, uno de los más guapos que quedaba soltero. Ya se casaron, y de seguro vivirán felices por siempre, cual cuento de hadas. Pero lo importante aquí es como la Monarquía Británica ha evolucionado con el paso de los años.
Meghan paso de ser actriz de Hollywood a ser parte de la Monarquía Británica. Con eso me basta para sentir que cualquiera de nosotras puede llegar a ser una verdadera princesa, duquesa, consorte, pero la cuestión es pertenecer a algún reinado.
Meghan Markle, es una mujer común y silvestre, como tú o como yo. Eso sí es súper guapa y famosa en la tierra del Tío Sam y “around the world” gracias a la exitosa seria de abogados; Suits (paso el dato que se puede ver en Netflix). Megy, como le diré desde ahora, es norteamericana, ex actriz (si, tuvo que renunciar a un par de cosas para casarse con el príncipe), divorciada, de madre afroamericana y padre blanco, tres años mayor que su prometido, activista social por la igualdad de género, y se convirtió en la Duquesa de Sussex cuando se casó con Harry, hijo menor de la recordada Lady Di, y sexto en lugar de sucesión al trono.
Chicas, ustedes se dieron cuenta que Megy nunca más en su vida tendrá que hacer camas, lavar platos, barrer, ponerle bencina al auto, bañar al perro, limpiar las paredes porque tu hijo las rallo, decidir que se hará de almuerzo, o comprar pan!!! Va a tener una súper vida!!!!
Ya, me voy a poner seria, el matrimonio del hijo de Diana de Gales, (la recordada princesa del pueblo, como la llamaban), con la plebeya norteamericana Meghan, fue una demostración al mundo de que se pueden ir rompiendo tradiciones de la monarquía. Y sin duda este matrimonio fue la prueba de ello. Una ceremonia plasmada de hitos marcaron la diferencia y abrieron paso a la modernidad. La actriz es la primera miembro de la familia real británica que es de raza mixta. Harry y Meghan conforman la primera pareja interracial de la Monarquía Británica, o sea cáchense hasta en lo que cedió la abuelita Eli, nada más y nada menos que La Reina de Inglaterra.
Además, se les permitió casarse en una ceremonia religiosa, si pues, antes no se podía, pero desde el año 2002 la Iglesia de Inglaterra decidió que quienes estén divorciados pueden casarse nuevamente en esa institución.
Menos mal que Harry no corrió la misma suerte de su antepasado (bis-tío sería el lazo) el ex Rey Eduardo VIII, que se enamoró perdidamente de Wallis Simpson, también estadounidense, también divorciada y por quien tuvo que abdicar al trono para poder casarse porque de otra forma no podía estar con ella, que triste, pero el amor fue más fuerte y el decidió renunciar al trono y ser feliz con su enamorada!!!. De esa historia de amor ya han pasado 80 años, hoy todo cambio, Meghan si pudo ser parte de la familia real, casarse y ser incluso querida por la mismísima Reina.
No sí que el matrimonio fue lindo, pucha que lo fue, a mí al menos me encanto. Música con raíces negras, cuando se había visto algo así, el coro góspel cantando Stand by me, fue un acierto y logre que este matrimonio en donde los origines de cada uno eran tan distintos, llenar todos los espacios y las expectativas, cumpliendo con el protocolo pero emocionando a los asistentes y al mundo hasta la última fibra (o yo estaré muy sensible y lo encontré todo TAN LINDO que hasta lagrimas se me cayeron).
El novio, el nieto más desordenado de la Reina Isabel de Inglaterra estaba emocionado hasta las lágrimas, incluso le dijo a su novia cuando llego al altar: “te ves increíble, soy tan afortunado” (según los expertos en lectura de labios), y lo más heavy a mi parecer, la novia entrando sola a la Iglesia, se agarró bien el vestido y entro a la Capilla San Jorge del Palacio de Windsor. O sea, con solo ese gesto quedo más que demostrado que Meghan se las trae, es una mujer empoderada, valiente, que no se complicó públicamente frente a las acusaciones de sus hermanos y su padre, y le demostró a todo el mundo que ella no se acobarda ante nada ni nadie.
Sin duda este matrimonio marcara un antes y un después en la Corona Británica. Esta institución tan protocolar, con tantas reglas e imposiciones que a veces tanta desdichas ha provocado a algunos miembros de la familia real, hoy tiene nuevos aires.
A mi este matrimonio me encanta, no solo por el espectáculo mediático que implica sino porque marca una clara tendencia al cambio.
Diana de Gales debe estar bailando con los ángeles, su hijo pequeño, igual de rebelde que su mama, se casó con una mujer tan común y corriente como lo era ella. Diana donde quiera que esté estoy segura que está celebrando, lo que ella no pudo lograr (no seguir de formas tan estricta los protocolos de la Corona real) lo hizo su hijo 20 años después. Bien por Megy, Bien por Harry, Bien por Diana, bienvenida la modernidad a la Monarquía.